el punto de vista de estas clases intermedias tomaran partido por la clase obrera. Así surgió el socialismo pequeñoburgués. Sismondi es la cabeza de esta escuela, no solo en Francia sino también en Inglaterra.
Esta escuela del Socialismo analizó con gran agudeza las contradicciones de las condiciones de producción modernas. Puso al descubierto las hipócritas apologías de los economistas. Demostró, de manera incontrovertible, los efectos desastrosos de la maquinaria y de la división del trabajo; la concentración del capital y de la tierra en pocas manos; la superproducción y las crisis; señaló la ruina inevitable del pequeño burgués y del campesino, la miseria del proletariado, la anarquía en la producción, las flagrantes desigualdades en la distribución de la riqueza, la guerra industrial de exterminio entre las naciones, la disolución de los antiguos vínculos morales, de las viejas relaciones familiares y de las viejas nacionalidades.
En sus objetivos positivos, sin embargo, esta forma de Socialismo aspira o bien a restaurar los antiguos medios de producción y de cambio, y con ellos las antiguas relaciones de propiedad y la antigua sociedad, o bien a encorsetar los medios modernos de producción y de cambio dentro del marco de las antiguas relaciones de propiedad que han sido, y debían ser necesariamente, destruidas por dichos medios. En ambos casos, es a la vez reaccionario y utópico.
Sus últimas palabras son:
- corporaciones industriales para la manufactura,
- relaciones patriarcales en la agricultura.
A la postre, cuando los tozudos hechos históricos hubieron disipado todos los efectos embriagadores de la autoengaño, esta forma de Socialismo terminó en un miserable ataque de melancolía.