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Notas

LA ECONOMÍA DEL CASO

1

"The True Way of Life" (Headley Brothers, London), p. 29. Soy consciente de que muchos pacifistas modernos, incluso de la escuela inglesa, a la que se aplican principalmente estas observaciones, son más objetivos en su defensa que el Sr. Grubb, pero a los ojos del «hombre sensual medio» el pacifismo sigue estando profundamente mancillado por este altruismo abnegado (véase el Capítulo III, Parte III), a pesar de la admirable labor de la escuela pacifista francesa.

2

El periódico Matin hizo recientemente una serie de revelaciones, en las que se demostraba que el capitán de un falucho pesquero francés había destripado vivo a su grumete por unas insubordinaciones triviales, le había puesto sal en los intestinos y luego había arrojado el cuerpo tembloroso a la bodega junto con los bacalaos. Tan habituada estaba la tripulación a la brutalidad que no protestó eficazmente, y el incidente solo salió a la luz meses más tarde por las habladurías de una taberna. El Matin cita esto como el tipo de crueldad que caracteriza a la industria de la pesca de bacalao en Terranova en los barcos franceses. Por otro lado, los periódicos socialistas alemanes se han ocupado recientemente de lo que denominan «las bajas del campo de batalla industrial», mostrando que las pérdidas por accidentes industriales desde 1871 —es decir, la pérdida de vidas en tiempo de paz— han sido enormemente mayores que las pérdidas debidas a la guerra franco-prusiana.

3

"The Interest of America in International Conditions." New York: Harper & Brothers.

4

Es decir, todo esto debía haber ocurrido antes de 1911 (el libro apareció hace algunos años). Esto tiene su equivalente en el folletín periodístico inglés que apareció hace unos años titulado: "La invasión alemana de 1910".

5

Véase la carta al Matin, 22 de agosto de 1908.

6

En este mundo egoísta, no es razonable suponer la existencia de un altruismo invertido de este tipo.

7

Esta no es la única base de comparación, por supuesto. Todo el que conoce Europa sabe del alto nivel de comodidad en todos los países pequeños: Escandinavia, Holanda, Bélgica, Suiza. Mulhall, en «Industries and Wealth of Nations» (p. 391), sitúa a los pequeños Estados de Europa junto con Francia e Inglaterra a la cabeza de la lista, a Alemania en sexto lugar, y a Rusia, territorial y militarmente la mayor de todas, al final de todo. El Dr. Bertillon, el estadístico francés, ha hecho un elaborado cálculo de la riqueza relativa de los individuos de cada país. El alemán de mediana edad posee (según el promedio establecido) nueve mil francos (1800 dólares); el holandés, dieciséis mil (3200 dólares). (Véase Journal, París, 1 de agosto de 1910).

8

Las cifras facilitadas en el «Statesman's Year-Book» muestran que, en proporción a su población, Noruega tiene casi el triple de comercio de transporte marítimo que Inglaterra.

9

Véase la cita, págs. 14-15.

10

Major Stewart Murray, "Future Peace of the Anglo-Saxons." London: Watts and Co.

11

L'Information, 22 de agosto de 1909.

12

Muchísimas veces mayor, porque la reserva de lingotes en el Banco de Inglaterra es relativamente pequeña.

13

Hartley Withers, "The Meaning of Money." Smith, Elder and Co., London.

14

Véanse las págs. 75-76.

15

Véase la nota relativa a la política colonial francesa, págs. 122-124.

16

Al resumir un artículo de la Oriental Economic Review, el Bulletin de San Francisco dice: «Japón en este momento parece estar descubriendo que la Corea "conquistada" pertenece en todo sentido real a los coreanos, y que todo lo que Japón está sacando de su guerra es una carga adicional de estadismo y un gasto adicional de administración, y un porcentaje mayor de complicaciones internacionales debido a la extensión de la frontera japonesa peligrosamente cerca de sus rivales continentales, China y Rusia. Japón como "dueño" de Corea se encuentra en una situación peor económica y políticamente que cuando se veía obligado a tratar con Corea como nación independiente». La Oriental Economic Review señala que «los japoneses esperan mejorar la situación coreana mediante el mestizaje general de ambos pueblos; pero esto significa un avance racial y, a través de él, relaciones sociales y económicas más estrechas de lo que eran posibles antes de la anexión, y probablemente habría sido más fácil de lograr si la destrucción de la independencia coreana no hubiera amargado al pueblo».

17

Los títulos españoles al cuatro por ciento se cotizaban a 42½ durante la guerra, y justo antes de los conflictos de Marruecos, en 1911, tenían un mercado libre al 90 por ciento. F.C. Penfold escribe en la North American Review de diciembre (1910) lo siguiente: «La nueva España, cuya fuerza motriz no brota de los molinos de viento de la ficción soñadora, sino del trabajo honesto, se encuentra este año materialmente en una situación mucho mejor que la de hace generaciones. Desde la guerra, los bonos españoles han duplicado prácticamente su valor, y el tipo de cambio con los mercados monetarios extranjeros ha mejorado en la proporción correspondiente. Los puertos marítimos españoles del Atlántico y del Mediterráneo bullen de actividad naviera. En efecto, la índole del pueblo parece estar cambiando de una indolencia dolce far niente a una frugalidad emprendedora».

18

London Daily Mail, 15 de diciembre de 1910.

19

"Traité de Science des Finances," vol. ii., p. 682.

20

"Die Wirtschafts Finanz und Sozialreform im Deutschen Reich." Leipzig, 1882.

21

"La Crise Économique," Revue des Deux Mondes, 15 de marzo de 1879.

22

Maurice Block, «La Crise Économique», Revue des Deux Mondes, 15 de marzo de 1879. Véase también «Les Conséquences Économiques de la Prochaine Guerre», Capitán Bernard Serrigny. París, 1909. El autor dice (p. 127): «Era evidentemente la desastrosa situación financiera de Alemania, que había obligado a Prusia al estallido de la guerra a pedir dinero prestado al tipo sin precedentes del 11 por ciento, lo que hizo que Bismarck fijara la indemnización en una cifra tan elevada. Esperaba así reparar la situación financiera de su país. Los acontecimientos le engañaron cruelmente, sin embargo. Pocos meses después del último pago de la indemnización, el oro enviado por Francia ya había regresado a su territorio, mientras que Alemania, más pobre que nunca, se debatía en una crisis que era en gran medida el resultado directo de su riqueza temporal».

23

"El Imperio alemán en tiempos de Bismarck."

24

Las cifras de la emigración alemana son de lo más sugerentes a este respecto. Aunque muestran grandes fluctuaciones, que indican su reacción ante múltiples factores, siempre parecen aumentar después de las guerras. Así, tras las guerras de los Ducados se duplicaron; durante los cinco años anteriores a las campañas de 1865 promediaron 41 000 y, tras dichas campañas, aumentaron repentinamente a más de 100 000. Habían caído a 70 000 en 1869, para luego ascender a 154 000 en 1872; y lo que es aún más notable, ¡la emigración no procedía de las provincias conquistadas, de Schleswig-Holstein, Alsacia o Lorena, sino de Prusia! Si bien no se pretende afirmar ni por un momento que el efecto de las guerras sea el único factor en esta fluctuación, el hecho de la emigración, en relación con la afirmación general que se hace sobre la guerra exitosa, exige el más cuidadoso examen. Véase en particular, "L'Émigration Allemande," Revue des Deux Mondes, enero de 1874.

25

La Presse de Montreal, 27 de marzo de 1909.

26

Speech, House of Commons, August 26, 1909. The New York papers of November 16, 1909, report the following from Sir Wilfrid Laurier in the Dominion Parliament during the debate on the Canadian Navy: "If now we have to organize a naval force, it is because we are growing as a nation—it is the penalty of being a nation. I know of no nation having a sea-coast of its own which has no navy, except Norway, but Norway will never tempt the invader. Canada has its coal-mines, its gold-mines, its wheat-fields, and its vast wealth may offer a temptation to the invader."

27

Las recientes negociaciones arancelarias entre Canadá y los Estados Unidos se llevaron a cabo directamente entre Ottawa y Washington, sin la intervención de Londres. Canadá lleva a cabo habitualmente sus negociaciones arancelarias, incluso con otros miembros del Imperio británico. Sudáfrica adopta una postura similar. El Volkstein del 10 de julio de 1911 dice: «La constitución de la Unión está en plena consonancia con el principio de que la neutralidad es admisible en el caso de una guerra en la que Inglaterra y otros Estados independientes del Imperio se vean involucrados... Inglaterra, al igual que Sudáfrica, se vería mejor servida por la neutralidad de Sudáfrica» (citado en el Times, 11 de julio de 1911). Nótese la frase «Estados independientes del Imperio».

28

Times, 7 de noviembre de 1911.

29

El World de Londres, un órgano imperialista, lo expresa así: «El proceso electoral para revertir los resultados de la guerra se ha completado en Sudáfrica. Como resultado de las contiendas de la semana pasada, el señor Merriman ha asegurado una sólida mayoría operativa en ambas cámaras. El triunfo del Bond en Ciudad del Cabo no es menos rotundo que el de Het Volk en Pretoria. Los tres territorios de los que depende el futuro del subcontinente están vinculados bajo la supremacía bóer... el futuro sistema federado o uniformado se levantará sobre una base holandesa. Si esto era lo que queríamos, podríamos haberlo comprado más barato que con doscientos cincuenta millones de libras y veinte mil vidas».

30

Se ha presentado un proyecto de ley ante el Consejo Legislativo de la India que faculta al Gobierno para prohibir la emigración a cualquier país donde el trato dispensado a los súbditos indios británicos no sea del agrado del Gobernador General. «Como no se ha garantizado un trato justo para los indios libres —afirma el Times de Londres—, la prohibición se aplicará sin duda contra Natal a menos que la situación de los indios libres en ese lugar mejore».

31

El comercio exterior total de Gran Bretaña en 1908 fue de 5.245.000.000 de dólares, de los cuales 3.920.000.000 correspondieron a extranjeros y 1.325.000.000 a sus propias posesiones. Y si bien es cierto que con algunas de sus colonias Gran Bretaña mantiene hasta un 52 por ciento de su comercio —p. ej., Australia—, también ocurre que ciertos países absolutamente extranjeros realizan un porcentaje aún mayor de su comercio con Gran Bretaña que las propias colonias de esta. Gran Bretaña posee el 38 por ciento del comercio exterior de Argentina, pero solo el 36 por ciento del de Canadá, a pesar de que Canadá le ha otorgado recientemente una preferencia considerable.

32

África Occidental y Madagascar.

33

Es un tanto alentador, tal vez, para aquellos de nosotros que hacemos lo que podemos por la difusión de ideas más sensatas, el hecho de que una primera edición de este libro parezca haber desempeñado cierto papel en la materialización del cambio en la política colonial francesa aquí señalado. El Ministerio de Colonial francés, con el propósito de enfatizar el punto de vista mencionado en el artículo de Le Temps, llamó la atención de manera enfática en dos o tres ocasiones sobre la primera edición francesa de este libro. En el informe oficial del Presupuesto Colonial para 1911, una gran parte de este capítulo fue reimpresa. En el Senado (véase el Journal Officiel de la República Francesa, 2 de julio de 1911), el ponente volvió a citar extensamente este libro y dedicó una gran parte de su discurso a recalcar la tesis aquí expuesta.

34

Un financiero a quien le mostré las pruebas de este capítulo anota aquí: «Si tal impuesto fuera impuesto, la producción sería nula».

35

Un corresponsal me envió algunos detalles interesantes y significativos sobre los rápidos avances de Alemania en Egipto. Ya se había anunciado que en octubre de 1910 aparecería un periódico alemán, y que los avisos oficiales de los tribunales mixtos se habían trasladado de los periódicos locales en francés al Egyptischer Nachrichten alemán. Durante los años 1897-1907, los residentes alemanes en Egipto aumentaron en un 44 por ciento, mientras que los residentes británicos aumentaron solo en un 5 por ciento. La participación de Alemania en las importaciones egipcias durante el período 1900-1904 fue de 3.443.880 dólares, pero hacia 1909 esta cifra alcanzó los 5.786.355 dólares. La última empresa alemana en Egipto fue la fundación del Egyptische Hypotheken Bank, en el cual estaban interesados todos los principales bancos anónimos de Alemania. Su capital iba a ser de 2.500.000 dólares y entre los seis directores se encontraban tres alemanes, un austríaco y dos italianos. Al escribir sobre «La nostalgia entre los emigrantes» (London World, 19 de julio de 1910), el Sr. F.G. Aflalo dijo: «Los alemanes son, de todas las naciones, los menos aquejados por esta debilidad. Aunque están mucho más apegados al hogar que sus vecinos al otro lado del Rin, sienten menos el exilio.

Su única idea es evadir el servicio militar obligatorio, y esto ofrece a todas las naciones continentales una compensación por el exilio, lo cual para el inglés no significa nada. Recuerdo una colonia de pescadores alemanes en el lago Tahoe, la masa de agua más hermosa de California, donde los pinos de Sierra Nevada debieron de recordarles vívidamente su Harz natal. Sin embargo, se regocijaban en la libertad de su país de adopción y jamás sintieron un momento de arrepentimiento por la patria».

36

Según un cálculo reciente, los alemanes en Brasil suman ahora unos cuatrocientos mil; la gran mayoría está establecida en los estados meridionales de Río Grande do Sul, Paraná y Santa Catarina, mientras que un pequeño número se encuentra en São Paulo y Espírito Santo, más al norte. Esta población es, en su mayor parte, el resultado del crecimiento natural, ya que en los últimos años la emigración hacia allí ha disminuido considerablemente. También en el Próximo Oriente la colonización alemana es de todo menos reciente. En Transcaucasia hay asentamientos agrícolas fundados por agricultores de Wurtemberg, cuyos descendientes de tercera generación viven en sus propias aldeas y todavía hablan su lengua materna. En Palestina se encuentran las colonias de los templarios alemanes en la costa, que han prosperado tanto que han suscitado el resentimiento de los nativos.

LA NATURALEZA HUMANA Y LA MORAL DEL CASO

1

London Morning Post, 1 de febrero de 1912.

2

North American Review, marzo de 1912. Véase también la cita, p. 15.

3

Abril de 1912.

4

«Alemania y la próxima guerra», del Gral. Friedrich von Bernhardi. Londres: Edwin Arnold, 1912.

5

Véase, en particular, el artículo del almirante Mahan, «The Place of Power in International Relations», en la North American Review de enero de 1912; y libros del profesor Wilkinson como «The Great Alternative», «Britain at Bay», «War and Policy».

6

"El valor de la ignorancia." Harpers.

7

Para una expresión de estas opiniones en una forma más definida, véase el libro de Ratzenhofer "Die Sociologische Erkenntniss", págs. 233, 234. Leipzig: Brockhaus, 1898.

8

Discurso en Stationer's Hall, Londres, 6 de junio de 1910.

9

"The Strenuous Life." Century Co.

10

McClure's Magazine, agosto de 1910.

11

Thomas Hughes, en su prólogo a la primera edición en inglés de «The Bigelow Papers», se refiere a los opositores de la Guerra de Crimea como una «camarilla vana y maliciosa que entre nosotros ha levantado el grito de paz». Véase también la obra del Sr. J.A. Hobson «Psychology of Jingoism», p. 52. Londres: Grant Richards.

12

North American Review, marzo de 1912.

13

"The Interest of America in International Conditions." New York: Harper & Brothers.

14

Cuenta Critchfield, en su obra sobre las repúblicas sudamericanas, que durante todo el torbellino de sangre y desorden que durante un siglo o más caracterizó la historia de esos países, el clero católico romano mantuvo en general un elevado nivel de vida y carácter, y siguió predicando con constancia, a pesar de todo desaliento, las bellezas de la paz y el orden. Por mucho que uno pueda conmoverse ante tal espectáculo y rendir tributo de admiración a estos buenos hombres, uno no puede evitar sentir que la prédica de estos nobles ideales no tuvo un efecto muy inmediato en el progreso social de Sudamérica. ¿Qué ha provocado este cambio? El hecho de que esos países se hayan incorporado a la corriente económica del mundo; el banco, la fábrica y el ferrocarril han introducido factores y motivos de un orden muy diferente al propugnado por el sacerdote, y están apartando lentamente a esos países de la aventura militar para llevarlos al trabajo honesto, algo que la prédica de los altos ideales no logró hacer.

15

"To-day and To-morrow," p. 63. John Murray.

16

Desde la publicación de la primera edición de este libro ha aparecido en Francia una obra admirable del Sr. J. Novikow, "Le Darwinisme Social" (Felix Alcan, París), en la que esta aplicación de la teoría darwiniana a la sociología se discute con gran habilidad, con gran extensión y todo lujo de detalles, y la presentación biológica del caso, tal como acaba de esbozarse, se ha inspirado en no pequeña parte en la obra del Sr. Novikow. El Sr. Novikow ha establecido en términos biológicos lo que, antes de la publicación de su libro, intenté establecer en términos económicos.

17

La cooperación no excluye la competencia. Si un rival me vence en los negocios, es porque proporciona una cooperación más eficiente que la mía; si un ladrón me roba, no está cooperando en absoluto, y si roba mucho impedirá mi cooperación. El organismo (la sociedad) tiene todo el interés en fomentar al competidor y reprimir al parásito.

18

Sin recurrir a las analogías un tanto oscuras de la ciencia biológica, es evidente por los simples hechos del mundo que, si en alguna etapa del desarrollo humano la guerra llegó a favorecer la supervivencia del más apto, hace mucho que hemos dejado atrás esa etapa. Cuando conquistamos a una nación en los tiempos actuales, no la exterminamos: la dejamos donde estaba. Cuando «vencemos» a las razas serviles, lejos de eliminarlas, les ofrecemos mayores oportunidades de vida al introducir el orden, etc., de modo que la calidad humana inferior tiende a ser perpetuada por la conquista de la superior. Si alguna vez sucede que las razas asiáticas desafían a la blanca en el ámbito industrial o militar, será en gran parte gracias a la labor de conservación racial que ha sido el resultado de la conquista de Inglaterra en la India, Egipto y Asia en general, y de su acción en China al imponerle el contacto comercial en virtud de su poderío militar. La guerra entre pueblos de un desarrollo más o menos equivalente también favorece la supervivencia del no apto, ya que hoy en día ya no exterminamos ni masacramos a una raza conquistada, sino únicamente a sus mejores elementos (aquellos que llevan a cabo la guerra), y porque el conquistador agota a sus mejores elementos en el proceso, de modo que los menos aptos de ambos bandos quedan para perpetuar la especie.

Tampoco los hechos del mundo moderno respaldan la teoría de que la preparación para la guerra bajo las condiciones actuales tienda a preservar la virilidad, ya que dichas condiciones implican una vida de cuartel artificial, un entrenamiento sumamente mecánico propicio para la destrucción de la iniciativa, y una uniformidad y centralización mecánicas que tienden a aplastar la individualidad y a acelerar la deriva hacia una burocracia centralizada, que ya es de por sí excesiva.

19

Podría dudarse, en efecto, de si el patriota británico abriga realmente hacia el alemán el mismo sentimiento que hacia sus propios compatriotas de opiniones contrarias. El Sr. Leo Maxse, en la National Review de febrero de 1911, se complace en verter las siguientes expresiones, aplicadas, no a los alemanes, sino a estadistas ingleses elegidos por una mayoría del pueblo inglés: el Sr. Lloyd George es un «celta ferviente animado por un odio apasionado hacia todo lo inglés»; el Sr. Churchill es simplemente un «político del Tammany Hall, desprovisto, sin embargo, del patriotismo de un hombre del Tammany». El Sr. Harcourt pertenece a «ese tipo particular de demagogo de la sociedad que injuria a los pares en público y los adula en privado». El Sr. Leo Maxse sugiere que algunos de los ministros deberían ser procesados y ahorcados. El Sr. McKenna es el «loro de repetición» de Lord Fisher, y la Cámara de los Comunes es el «Parlamento venenoso de infame memoria», en el cual los ministros contaban con el respaldo de un vasto posse comitatus de chacales alemanes.

20

Discurso en Stationers' Hall, Londres, 6 de junio de 1910.

21

Tengo en mente aquí el ridículo furor que armó la prensa chovinista británica a causa de unas caricaturas francesas que aparecieron al estallar la guerra de los Bóeres. Se recordará que en aquel entonces Francia era la «enemiga», y Alemania, basándose en un discurso del señor Chamberlain, una cuasialiada. Gran Bretaña se mostraba en aquel momento tan belicosa hacia Francia como lo es ahora hacia Alemania. ¡Y esto ocurrió hace tan solo diez años!

22

En su «Historia del auge y la influencia del espíritu del racionalismo en Europa», Lecky dice: «No fue ninguna ansiedad política por el equilibrio de poder, sino un intenso entusiasmo religioso el que impulsó a los habitantes de la Cristiandad hacia el lugar que era a la vez la cuna y el símbolo de su fe. Todos los intereses quedaron entonces absorbidos, todas las clases se vieron gobernadas, todas las pasiones subyugadas o teñidas por el fervor religioso. Las animosidades nacionales que habían ardiendo durante siglos se pacificaron gracias a su poder. Las intrigas de los estadistas y los celos de los reyes desaparecieron bajo su influencia. Se dice que cerca de dos millones de vidas se sacrificaron por la causa. Gobiernos descuidados, finanzas agotadas, países despoblados fueron alegremente aceptados como el precio del éxito. Ninguna guerra que el mundo hubiera visto antes fue tan popular como estas, que fueron al mismo tiempo las más desastrosas y las más desinteresadas».

23

«Estad seguros», escribe san Agustín, «y no dudéis de que no solo los hombres que han alcanzado el uso de la razón, sino también los niños pequeños que han empezado a vivir en el vientre de su madre y han muerto allí, o que, recién nacidos, se han marchado del mundo sin el sacramento del santo bautismo, han de ser castigados con el tormento eterno del fuego inextinguible». Para hacer la doctrina más clara, la ilustra con el caso de una madre que tiene dos hijos. Cada uno de estos no es más que un amasijo de perdición. Ninguno ha realizado jamás un acto moral o inmoral. La madre aplasta a uno mientras duerme, y este perece sin bautizar. Va al tormento eterno. El otro es bautizado y se salva.

24

Esto se desprende suficientemente de las estaciones en las que, por ejemplo, se celebraban los autos de fe en España. En la Galería de Madrid hay un cuadro de Francisco Rizzi que representa la ejecución, o más bien la procesión hacia la hoguera, de varios herejes durante las fiestas que siguieron al matrimonio de Carlos II, y ante el Rey, su esposa y la Corte y el clero de Madrid. La gran plaza estaba dispuesta como un teatro y abarrotada de damas con vestidos de corte. El rey se sentaba en una plataforma elevada, rodeado por los principales miembros de la aristocracia. Limborch, en su «Historia de la Inquisición», relata que entre las víctimas de un auto de fe hubo una joven de dieciséis años, cuya singular belleza provocó la admiración de cuantos la vieron. Al pasar hacia la hoguera, le gritó a la Reina: «¡Gran Reina!, ¿no es vuestra presencia capaz de aportarme algún consuelo en mi desgracia? Considerad mi juventud y que soy condenada por una religión que he mamado con la leche de mi madre».

25

Spectator, 31 de diciembre de 1910.

26

Véanse las citas, págs. 161-162, del libro de Homer Lea, The Valor of Ignorance.

27

Así el capitán d'Arbeux («L'Officier Contemporaine», Grasset, París, 1911) lamenta «la desaparición progresiva del ideal de revancha», un deterioro militar que, según declara, está obrando la ruina del país. La verdad general de todo esto no se ve afectada por el hecho de que 1911, debido al conflicto de Marruecos y otros asuntos, presenciara un resurgimiento del chovinismo, el cual ya se está agotando. El Matin, diciembre de 1911, señala: «El número de candidatos en Saint-Cyr y Saint-Maixent está disminuyendo a un grado aterrador. Apenas es una cuarta parte de lo que era hace unos pocos años... La profesión de las armas ya no tiene el atrayente que tenía».

28

"Alemania e Inglaterra", p. 19.

29

Véase el primer capítulo de la admirable obra del señor Harbutt Dawson, «The Evolution of Modern Germany». T. Fisher Unwin, Londres.

30

He excluido las "operaciones" con los Aliados en China. Pero solo duraron unas pocas semanas. ¿Y fueron acaso una guerra? Esta ilustración aparece en el libro de M. Novikow Le Darwinisme Social.

31

La opinión más reciente sobre la evolución vendría a demostrar que el entorno desempeña un papel aún mayor en la formación del carácter que la selección (véase el artículo del príncipe Kropotkin en la revista Nineteenth Century, de julio de 1910, en el que demuestra que el experimento revela la acción directa del medio como el factor principal de la evolución). ¡Cuán inmensamente, por lo tanto, debe de modificar nuestro entorno industrial el impulso pugnaz de nuestra naturaleza!

32

Véanse las citas, págs. 161-166, en especial la sentencia del Sr. Roosevelt: «En este mundo, la nación que está entrenada para una carrera de desinterés por la guerra y de comodidad aislada está destinada al final a caer ante otras naciones que no han perdido las cualidades varoniles y aventureras». Este punto de vista se recalca aún más en el discurso que el Sr. Roosevelt pronunció recientemente en la Universidad de Berlín (véase el Times de Londres, 13 de mayo de 1910). «La civilización romana», declaró el Sr. Roosevelt —tal vez, como señala el Times, para sorpresa de aquellos a quienes se ha enseñado a creer que latifundia perdidere Romam—, «cayó principalmente porque el ciudadano romano no quería luchar, porque Roma había perdido el filo combativo». (Véase la nota a pie de página, pág. 237).

33

"El valor de la ignorancia." Harpers.

34

Véase el informe de M. Messimy sobre el presupuesto de guerra para 1908 (anexo 3, p. 474). La importancia de estas cifras no suele comprenderse en general. Por sorprendente que pueda parecer la afirmación, el servicio militar obligatorio en Alemania no es universal, mientras que en Francia sí lo es. En este último país, todos los hombres de todas las clases sociales pasan en realidad por los cuarteles y se someten a la verdadera disciplina del entrenamiento militar; toda la formación de la nación es puramente militar. Este no es el caso en Alemania. Casi la mitad de los jóvenes del país no son soldados. Otro punto importante es que la parte de la nación alemana que conforma la vida intelectual del país se libra de los cuarteles. A todos los efectos prácticos, casi todos los jóvenes de la clase alta entran en el ejército como voluntarios de un año, con lo que escapan de algo más que unas pocas semanas de cuartel, y aun entonces evitan sus peores aspectos. Nunca se señalará suficientemente que la Alemania intelectual nunca ha estado somoetida a la verdadera influencia de los cuarteles. Como dice un crítico: «El sistema alemán no hace pasar a esta clase por la picadora», y está diseñado deliberadamente para salvarlos de la trituradora. Las actividades militares de Francia desde 1870 han sido, por supuesto, mucho mayores que las de Alemania: Tonkín, Madagascar, Argelia, Marruecos.

Frente a estas, Alemania solo ha tenido la campaña de los hereros. Los porcentajes de población dados anteriormente, en el texto, requieren modificación a medida que se modifican las Leyes del Ejército, pero las posiciones relativas en Alemania y Francia siguen siendo prácticamente las mismas.

35

Vox de la Naçión, Caracas, 22 de abril de 1897.

36

Hasta el propio señor Roosevelt califica la historia sudamericanade mezquina y sangrienta. Es digno de mención que, en su artículo publicado en el Bachelor of Arts de marzo de 1896, el señor Roosevelt —quien amonestó tan enérgicamente a los ingleses sobre su deber, a toda costa, de no dejarse guiar por el sentimentalismo en el gobierno de Egipto— escribiera lo siguiente al tiempo del mensaje venezolano del señor Cleveland a Inglaterra: «Mezquina y sangrienta aunque haya sido la historia de las repúblicas sudamericanas, es claramente en interés de la civilización que... se las deje desarrollarse según sus propias vías... En las mejores circunstancias, una colonia se encuentra en una falsa posición; pero si una colonia es una región donde la raza colonizadora tiene que realizar su labor por medio de razas ajenas e inferiores, la condición es mucho peor. No hay ninguna posibilidad para ninguna colonia tropical poseída por una raza septentrional».

37

2 de junio de 1910.

38

Véase un artículo del señor Vernon Kellogg en el Atlantic Monthly, julio de 1913. Seeley dice: «El Imperio romano pereció por falta de hombres». Un historiador de Grecia, al debatir el fin de las guerras del Peloponeso, dijo: «Solo quedan cobardes, y de sus lechos surgieron las nuevas generaciones». Tres millones de hombres —la élite de Europa— perecieron en las guerras napoleónicas. Se dice que, tras dichas guerras, el estándar de altura de la población adulta francesa descendió bruscamente 1 pulgada. Sea como fuere, es bien seguro que la aptitud física del pueblo francés empeoró inmensamente debido al desgaste de las guerras napoleónicas, puesto que, como resultado de un siglo de militarismo, Francia se ve obligada cada pocos años a reducir el estándar de aptitud física para mantener su fuerza militar, de modo que ahora incluso los enanos de tres pies son reclutados a la fuerza.

39

Creo que se puede afirmar con justicia que fue el ingenio de Sydney Smith, más que la sabiduría de Bacon o Bentham, lo que mató esta curiosa ilusión.

40

Véase la distinción establecida al comienzo del capítulo siguiente.

41

M. Pierre Loti, que se encontraba en Madrid cuando las tropas marchaban a combatir a los estadounidenses, escribió: «Son, en efecto, todavía las tropas españolas firmes y espléndidas, heroicas en todas las épocas; basta con mirarlas para adivinar el infortunio que aguarda a los tenderos americanos cuando se encuentren cara a cara con semejantes soldados». Profetizó des surprises sanglantes. M. Loti es miembro de la Academia Francesa.

42

Véase también la carta citada, págs. 230-231.

43

"Patriotismo e Imperio." Grant Richards.

44

"Para un trabajo permanente, el soldado es peor que inútil; todo su entrenamiento tiende a convertirlo en un debilucho. Tiene la más fácil de las vidas; no tiene libertad ni responsabilidad. Es, política y socialmente, un niño, con raciones en lugar de derechos; tratado como un niño, castigado como un niño, vestido coquetamente, lavado y peinado como un niño, disculpado por sus arrebatos de travesura como un niño, con prohibición de casarse como un niño y llamado «Tommy» como un niño. No tiene un trabajo real que le impida enloquecer, salvo las faenas de una criada" («John Bull's Other Island»). Todos aquellos familiarizados con el vasto conjunto de la literatura francesa que trata sobre los males de la vida en los cuarteles saben cuán rotundamente esa crítica confirma la generalización de Mr. Bernard Shaw.

45

11 de septiembre de 1899.

46

Las cosas habrán llegado a un extremo tremendo en Inglaterra cuando el propietario del Daily Mail y mecenas de Mr. Blatchford puede dedicar una columna y media con su propia firma a reprochar enérgicos términos la histeria y el sensacionalismo de sus propios lectores.

47

El Berliner Tageblatt del 14 de marzo de 1911 dice: «Hay que admirar la constante fidelidad y el patriotismo de la raza inglesa, en comparación con los métodos inciertos y erráticos del pueblo alemán, su desconfianza y su suspicacia. A pesar de numerosas guerras, derramamientos de sangre y desastres, Inglaterra siempre sale ilesa y con facilidad de sus crisis militares y se adapta a las nuevas condiciones y entornos de su habitual manera fría y deliberada... Tampoco se puede dejar de rendir homenaje a las sólidas cualidades y al carácter de la aristocracia inglesa, que siempre está abierta a los ambiciosos y dignos de otras clases, ensanchando así lenta pero seguramente la esfera de las clases medias, por las cuales son en consecuencia honradas y respetadas; un estado de cosas prácticamente desconocido en Alemania, pero que redundaría en nuestro inmenso beneficio».

48

"El Emperador y el futuro del pueblo alemán."

49

Véase también el veredicto confirmatorio del capitán March Phillips, citado en la p. 291.

50

"My Life in the Army," p. 119.

51

No creo que esta última generalización sea injusta con el ensayo, «Latitud y longitud entre los reformadores» («Strenuous Life», págs. 41-61. The Century Company).

52

Véase para mayor ilustración de la diferencia y su importancia en la política práctica el Capítulo VIII, Parte I, «La lucha por el puesto bajo el sol».

53

Véase el capítulo VII, parte I.

54

Aristotle did, however, have a flash of the truth. He said: "If the hammer and the shuttle could move themselves, slavery would be unnecessary."

55

"Facts and Comments", p. 112.

56

Buckle («History of Civilization») señala que Felipe II, que gobernaba medio mundo y recibía tributos de toda Sudamérica, era tan pobre que no podía pagar a sus sirvientes personales ni cubrir los gastos diarios de la Corte.

57

Entiendo por crédito todo el mecanismo del cambio que reemplaza el uso efectivo del metal, o de los billetes que lo representan.

58

Lecky («Rationalism in Europe», p. 76) dice: «El protestantismo no habría podido existir de ningún modo sin una difusión general de la Biblia, y dicha difusión fue imposible hasta después de los dos inventos del papel y de la imprenta... Antes de esos inventos, los cuadros y las imágenes materiales eran el medio principal de instrucción religiosa». Y así, la creencia religiosa se volvió necesariamente material, burda y antropomórfica.

59

"Las batallas ya no son las heroicas extravagancias del pasado. El ejército de hoy y de mañana es una sombría y gigantesca máquina desprovista de heroísmos melodramáticos... una máquina que requiere años para formar sus piezas separadas, años para ensamblarlas y otros años para hacerla funcionar con suavidad e irresistibilidad" (Homer Lea en "The Valor of Ignorance", p. 49).

60

El general von Bernhardi, en su obra sobre la caballería, trata precisamente esta cuestión de la mala influencia en la táctica de la «pompa de la guerra», la cual admite que debe desaparecer, añadiendo muy acertadamente: «El espíritu de la tradición no consiste en la retención de formas anticuadas, sino en actuar con aquel espíritu que en el pasado condujo a un éxito tan glorioso». El argumento a favor de la retención del soldado debido a su «espíritu» no podría quedar mejor desestimado. Véase la pág. 111 de la edición inglesa de la obra de Bernhardi (Hugh Rees, Londres).

61

Véanse las citas, págs. 161-166.

62

La siguiente carta al Manchester Guardian, publicada en la época de la guerra de los Bóeres, merece ser reproducida a este respecto: «Señor: Veo que "El deber de la Iglesia respecto a la guerra" va a ser debatido en el Congreso de la Iglesia. Me parece bien. Durante un año, los dirigentes de nuestra Iglesia nos han estado diciendo qué es y qué hace la guerra: que es una escuela de carácter; que vuelve a los hombres sobrios, los purifica, los fortalece, une sus corazones; los hace valientes, pacientes, humildes, tiernos, propensos al sacrificio. Regada por la "lluvia roja de la guerra", nos dice un obispo, florece la virtud; un cañoneo, señala, es un "oratorio", casi una forma de culto. Cierto; y los hombres acuden a la Iglesia en busca de ayuda para salvar sus almas de morir de hambre por falta de esta buena escuela, de esta amable lluvia, de esta música sagrada. Los congresos son propensos a perderse en desiertos de palabras. Este no debe, seguramente no puede, dada la rectitud del camino hacia la meta.

Sencillamente tiene que redactar y presentar una nueva colecta por la guerra en nuestro tiempo, y pedir la enmienda reverente pero firme, con el espíritu del mejor pensamiento moderno, de aquellos pasajes de la Biblia y del Libro de Oración Común mediante los cuales incluso los más verdaderos cristianos y los mejores hombres se han visto a veces cegados ante el deber de buscar la guerra y perseguirla. Aun así, reconozco que la naturaleza moral del hombre no puede vivir solo de la guerra; ni digo, como algunos, que la paz sea enteramente mala. Incluso en medio de los horrores de la paz encontraréis pequeños brotes de carácter alimentados por las lluvias apacibles y oportunas de la peste y el hambre, la tempestad y el fuego; simples lecciones de paciencia y valor estudiadas en las escuelas del tifus, la gota y los cálculos; oratorios tal vez no, pero sí himnos sencillos y rudos cantos interpretados con bisturí y sonda en las largas noches de invierno. ¡Lejos de mí "pecar contra nuestras misericordias" o tildar de oscuridad a la mera penumbra!

Sin embargo, puede volverse oscura; pues recordad que incluso estas pobres escuelas improvisadas de carácter, estos puestos secundarios, estos sustitutos tambaleantes de la guerra —recordad que la eficacia de cada uno de ellos, ya sea el hambre, el accidente, la ignorancia, la enfermedad o el dolor—, se ve amenazada por la insoportable tensión de sus luchas con médicos laicos, fontaneros, inventores, maestros de escuela y policías. Cada año, a miles de personas que antaño habrían sido fortalecidas y endurecidas por varoniles combates contra la viruela o la difteria se les roba esa bendición debido a los grandes cambios realizados en nuestras alcantarillas. Cada año, millares de mujeres y niños tienen que seguir su camino despojados de la rica experiencia espiritual de la viuda y del huérfano».

63

Capitán March Phillips, «With Remington». Methuen. Véanse las págs. 259-60 para la confirmación de este veredicto por parte del Sr. Blatchford.

64

Y en cuanto a los oficiales —nuevamente no por mí, sino por un sector muy imperialista y militarista—, el Spectator de Londres (25 de noviembre de 1911) dice: «Se podría suponer que los soldados están libres de mezquindades por ser hombres de acción. Pero todos sabemos que no hay profesión en la que los jefes sean más desvalorizados unos por otros que en la de las armas».

65

El profesor William James dice: «La historia griega es un panorama de la guerra por la guerra misma... de la ruina absoluta de una civilización que, en aspectos intelectuales, fue quizá la más alta que la tierra haya visto jamás. Las guerras eran puramente piráticas. El orgullo, el oro, las mujeres, los esclavos, la emoción eran sus únicos motivos».—McClure's Magazine, agosto de 1910.

66

"Britain at Bay." Constable and Co.

67

Véase la cita de Sir C.P. Lucas, págs. 111-12.

68

Véanse los detalles sobre este asunto en el Capítulo VII, Parte I.

69

London Morning Post, 21 de abril de 1910. Paso por alto el hecho de que citar todo esto como razón para el armamentismo es absurdo. ¿Acaso el Morning Post sugiere realmente que los alemanes van a atacar Inglaterra porque no les gusta el gusto inglés por el arte, la música o la cocina? La noción de que preferencias de este tipo necesitan la protección de acorazados (Dreadnoughts) es, sin duda, llevar todo el asunto al dominio de lo grotesco.

70

Me refiero al notable discurso en el que el Sr. Chamberlain advirtió a Francia que debía «enderezar sus costumbres o atenerse a las consecuencias» (véanse los diarios de Londres entre el 28 de noviembre y el 5 de diciembre de 1899).

71

No es que nos separe un periodo muy largo de tales métodos. Froude cita el Informe al Gobierno de Maltby de la siguiente manera: «Quemé todo su maíz y sus casas, y pasé a espada a todos los que pudieron ser encontrados. De la misma manera asalté un castillo. Cuando la guarnición se rindió, los puse a la misericordia de mis soldados. Todos fueron asesinados. De allí seguí adelante, sin perdonar a nadie que se cruzara en mi camino, cuya crueldad anonadó de tal manera a sus compañeros que no sabían dónde refugiarse». Del comandante de las fuerzas inglesas en Munster leímos: «Desvió sus fuerzas hacia East Clanwilliam y asoló el país; mató a todo ser humano que se hallaba allí... no dejando tras de nosotros hombre ni bestia, maíz ni ganado... sin perdonar a ninguno, sin importar su condición, edad o sexo. Además de muchos quemados hasta la muerte, matamos a hombre, mujer, niño, caballo o bestia o cualquier cosa que pudimos encontrar».

72

En "The Evolution of Modern Germany" (Fisher Unwin, London) el mismo autor dice: «Alemania no implica un solo pueblo, sino muchos pueblos... de diferente cultura, diferentes instituciones políticas y sociales... diversidad de vida intelectual y económica... Cuando el inglés promedio habla de Alemania, en realidad se refiere a Prusia, y consciente o inconscientemente pasa por alto el hecho de que solo en pocas cosas se puede considerar a Prusia como típica de todo el Imperio».

73

"International Law." John Murray, Londres.

74

Lord Sanderson, al ocuparse del desarrollo de las relaciones internacionales en un discurso pronunciado ante la Real Sociedad de las Artes (el 15 de noviembre de 1911), dijo: «El rasgo más notable de las relaciones internacionales recientes, a su juicio, era el gran aumento de las exposiciones, asociaciones y conferencias internacionales de toda índole y sobre cualquier tema imaginable. Cuando ingresó por primera vez en el Ministerio de Asuntos Exteriores, algo más de cincuenta años atrás, las conferencias se reducían casi por completo a reuniones diplomáticas formales para resolver alguna cuestión territorial o política urgente en la que varios Estados estuvieran interesados. Pero a medida que había pasado el tiempo, no solo habían aumentado el número y la frecuencia de las conferencias políticas, sino que había surgido una multitud de reuniones de personas más o menos oficiales, denominadas indistintamente conferencias y congresos».

EL RESULTADO PRÁCTICO

1

8 de enero de 1910.

2

10 de marzo de 1910.

3

"El Gobierno alemán no escatima ningún esfuerzo, con el apoyo entusiasta de su pueblo, para prepararse de cara a un combate con este país" (Morning Post, 1 de marzo de 1912). "La voluntad insaciada del Estado armado, cuando se presente la oportunidad, atacará muy probablemente a sus vecinos más saciados sin escrúpulos y los despojará sin piedad" (Dr. Dillon, Contemporary Review, octubre de 1911).

4

He demostrado en un capítulo anterior (Capítulo VI, Parte II) cómo estos odios internacionales no son la causa del conflicto, sino el resultado de conflictos o presuntos conflictos de intereses políticos. Si la diferencia de psicología nacional —la «incompatibilidad de caracteres» nacional— fuera la causa, ¿cómo podemos explicar el hecho de que hace diez años los ingleses todavía «odiaban a todos los franceses como al diablo» y hablaban de una alianza con los alemanes? Si el tejemaneje diplomático hubiera empujado a Inglaterra a una alianza con los alemanes contra los franceses, al pueblo nunca se le habría ocurrido que tenía que «detestar a los alemanes».

5

Es probable que la Ley Naval alemana, en su preámbulo, le hubiera birlado esto al catecismo de la Liga Naval británica.

6

En un artículo publicado en 1897 (el 16 de enero), el Spectator de Londres señaló la desesperada posición que ocuparía Alemania si a Inglaterra le importara amenazarla. El órgano, que ahora suele resentirse ante el incremento de la marina alemana por considerarlo una agresión contra Inglaterra, escribió entonces lo siguiente: «Alemania tiene una marina mercante de proporciones vastas. La bandera alemana está en todas partes. Pero, al declararse la guerra, todos los barcos mercantes de Alemania estarían a nuestra merced. A lo largo de los mares del mundo, nuestros cruceros capturarían y confiscarían los barcos alemanes. Durante la primera semana de la declaración de guerra, Alemania habría sufrido una pérdida de muchos millones de libras por la captura de sus barcos. Ni eso es todo. Nuestras colonias están salpicadas de casas comerciales alemanas que, a pesar de una dura competencia, hacen una gran cantidad de negocios... No querríamos, por supuesto, tratarlas con dureza; pero la guerra debe significar para ellas la venta de sus negocios por lo que pudieran obtener y el regreso a casa, a Alemania. De este modo, Alemania perdería un control sobre el comercio mundial que le ha costado muchos años de esfuerzo crear... De nuevo, piénsese en el efecto que tendría sobre el comercio de Alemania el cierre de todos sus puertos. Hamburgo es uno de los mayores puertos del mundo.

¿Cuál sería su condición si prácticamente ni un solo barco pudiera salir o entrar en él? Los bloqueos son, sin duda, cosas muy difíciles de mantener estrictamente, pero Hamburgo está situado de tal manera que la operación sería comparativamente fácil. En verdad, el bloqueo de todos los puertos alemanes en el Báltico o el Mar del Norte presentaría escasa dificultad... Considérese el efecto sobre Alemania si su bandera fuera barrida de alta mar y sus puertos bloqueados. Puede que no eche de menos sus colonias, ya que no son más que una carga, pero la pérdida de su comercio marítimo equivaldría a una multa inmediata de al menos cien millones de libras esterlinas. En pocas palabras, una guerra con Alemania, incluso cuando sea conducida por ella con la máxima sabiduría y prudencia, debe significar para ella una pérdida directa de un tipo terriblemente pesado, y para nosotros virtualmente ninguna pérdida en absoluto». Este artículo está lleno de las falacias que me he esforzado en exponer en este libro, pero desarrolla lógicamente las nociones que prevalecen tanto en Inglaterra como en Alemania; ¡y sin embargo los alemanes tienen que escuchar a un ministro de Marina inglés que describe su armada como un lujo!

7

He aquí la verdadera creencia inglesa en este asunto: «¿Por qué debería Alemania atacar a Gran Bretaña? Porque Alemania y Gran Bretaña son rivales comerciales y políticos; porque Alemania codicia el comercio, las Colonias y el Imperio que Gran Bretaña posee actualmente... En cuanto al arbitraje, a la limitación de armamentos, no requiere un esfuerzo de imaginación muy grande permitirnos ver esa propuesta con ojos alemanes. Si yo fuera alemán, diría: "Estos isleteurs son unos tipos fríos. Han cercado todas las mejores partes del globo, han comprado o capturado fortalezas y puertos en cinco continentes, han tomado la delantera en el comercio, tienen un monopolio virtual del transporte marítimo del mundo, dominan los mares, y ahora proponen que todos seamos hermanos, y que nadie vuelva a luchar ni a robar"», (Robert Blatchford, Germany and England, págs. 4-13).

8

"Hechos y falacias". Una respuesta a "Servicio militar obligatorio", del mariscal de campo conde Roberts, V.C., K.G.

9

Al hablar de la primera edición de este libro, sir Edward Grey dijo: «Por muy verdadera que sea la afirmación contenida en ese libro, no se convierte en un motivo operativo en la mente y la conducta de las naciones hasta que estas se convencen de su verdad y se convierte para ellas en un lugar común» (Banquete del Centenario Argentino, 20 de mayo de 1910).

10

Lecky, «History of the Progress of Rationalism in Europe».

11

No deseo en lo más mínimo, por supuesto, dar la impresión de que considero las verdades aquí expuestas como mi "descubrimiento", como si nadie hubiera trabajado antes en este campo. Hablando con propiedad, no existe tal cosa como la prioridad en las ideas. La interdependencia de los pueblos fue proclamada por los filósofos hace tres mil años. La escuela francesa de pacifistas —Passy, Follin, Yves Guyot, de Molinari y Estournelles de Constant— ha realizado una labor espléndida en este campo; pero ninguno de ellos, hasta donde sé, ha emprendido la tarea de someter a prueba detallada la ortodoxia político-económica mediante el principio de la futilidad económica de la fuerza militar; aplicando dicho principio a los problemas cotidianos de la política de Estado europea. Si existe alguien así —que plantee los precisos signos de interrogación que aquí he intentado presentar—, no tengo conocimiento de ello. Esto no impide, confío, la más alta apreciación de la obra anterior y mejor realizada en pro de la causa de la paz en general. La obra de Jean de Bloch, entre otros, aunque abarca un terreno diferente al presente, posee una erudición y un volumen de pruebas estadísticas a los que este libro no puede aspirar. La obra de J. Novikow, a mi juicio la mayor de todas, ya ha sido mencionada.

APÉNDICE SOBRE LOS RECIENTES ACONTECIMIENTOS EN EUROPA

1

"Turkey in Europe", págs. 88-9 y 91-2. Es significativo, por cierto, que el "soldado nato" haya sido aplastado ahora por una raza no militar a la que siempre ha despreciado por carecer de tradición militar. El capitán F.W. von Herbert ("Bye Paths in the Balkans") escribió (unos años antes de la presente guerra): "Los búlgaros, como súbditos cristianos de Turquía exentos del servicio militar, han labrado la tierra bajo condiciones de paz estagnantes y debilitantes, y la profesión de las armas es nueva para ellos". «Condiciones de paz estagnantes y debilitantes» resulta, en vista de los acontecimientos posteriores, claramente excelente.

2

Me disgusta fatigar al lector con tan maldita reiteración, pero cuando un ministro del Gabinete británico es incapaz en este debate de distinguir entre la insensatez de algo y su posibilidad, uno debe dejar clara la cuestión fundamental.

3

Este Apéndice fue escrito antes de que los Estados balcánicos comenzaran a luchar entre sí. Apenas es necesario señalar que los acontecimientos de los últimos días (principios del verano de 1913) otorgan significado al argumento del texto.

4

Véase la p. 390.

5

Review of Reviews, noviembre de 1912.

6

En el Daily Mail, a cuyo director agradezco la autorización para reimprimirlo.

9