He rezado sobre sus restos mortales, para que Dios le muestre misericordia a pesar de sus crímenes. Sí, estoy seguro, muy seguro de que recé junto a su cuerpo, el otro día, cuando lo sacaron del lugar donde estaban enterrando los discos fonográficos.
Era su esqueleto. No lo reconocí por la fealdad de la cabeza, pues todos los hombres son feos cuando llevan tanto tiempo muertos, sino por el sencillo anillo de oro que llevaba y que Christine Daaé sin duda le había deslizado en el dedo, cuando vino a enterrarlo de acuerdo con su promesa.
El esqueleto yacía cerca del pocito, en el lugar donde el Ángel de la Música sostuvo por primera vez a Christine Daaé desvanecida en sus brazos temblorosos, la noche en que la bajó a los sótanos de la ópera.
Y ahora, ¿qué se proponen hacer con ese esqueleto? ¡Seguro que no lo enterrarán en la fosa común! … Digo que el lugar del esqueleto del fantasma de la Ópera está en los archivos de la Academia Nacional de Música. No es un esqueleto común y corriente.