Acuérdome que vinieron con ellos Pedro Sanchez Farfan y Antonio de Villarroel, marido que fué de la Ojeda, porque aquestos dos soldados habia dejado Cortés en aquella ciudad, y el Pedro Sanchez Farfan era capitan y el Antonio Villarroel era ayo de don Fernando; y cuando Cortés vido tan buen socorro se holgó mucho y les dijo palabras halagüeñas, y asimismo en aquella sazon volvieron muchos tlascaltecas con sus capitanes, y venia por capitan dellos un cacique de Topeyanco que se decia Tecapanaca, y tambien vinieron otros muchos indios de Guaxocingo y pocos de Cholula; y como Cortés supo que habian vuelto, mandó que todos fuesen á su real para les hablar, y primero que viniesen les mandó poner guardas en el camino para defendellos, por si saliesen mejicanos; y cuando parecieron delante, Cortés les hizo un parlamento con doña Marina y Jerónimo de Aguilar, y les dijo que bien habian creido y tenido por cierto la buena voluntad que siempre les ha tenido y tiene, así por haber servido á su majestad como por las buenas obras que dellos hemos recebido, y que si les mandó desde que venimos á aquella ciudad venir con nosotros á destruir á los mejicanos, que su intento fué porque se aprovechasen y volviesen ricos á sus tierras y se vengasen de sus enemigos; que no para que por su sola mano hubiésemos de ganar aquella gran ciudad; y puesto que siempre les ha hallado buenos y en todo nos han ayudado, que bien habrán visto que cada dia les mandábamos salir de las calzadas, porque nosotros estuviésemos más desembarazados sin ellos para pelear, é que ya les habian dicho y amonestado otras veces que el que nos da vitoria y en todo nos ayuda es nuestro Señor Jesucristo, en quien creemos y adoramos; y porque se fueron al mejor tiempo de la guerra eran dignos de muerte, por dejar sus capitanes peleando y desamparallos, é que porque ellos no saben nuestras leyes y ordenanzas, que es de perdonar; é que porque mejor lo entiendan, que mirasen que estando sin ellos íbamos derrocando casas y ganando
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CAPÍTULO CLIII.
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