respondí que en este mundo las cosas que se suelen alabar unos vecinos á otros las virtudes y bondades que en ellos hay, y no ellos mesmos; mas él no se halló en la guerra ni lo vió ni lo entendió, ¿cómo lo puede decir? ¿Habíanlo de parlar los pájaros en el tiempo que estábamos en las batallas, que iban volando, ó las nubes que pasaban por alto, sino solamente los capitanes y soldados que en ello nos hallamos? Y si hubiérades visto, señores licenciados, que en esta mi relacion hubiera yo quitado su prez y honra á algunos de los valerosos capitanes y fuertes soldados, mis compañeros, que en las conquistas nos hallamos, y aquella misma honra me pusiera á mí solo, justo fuera quitarme parte; mas aún no me alabo tanto cuanto yo puedo y debo, y á esta causa lo escribo para que quede memoria de mí; y quiero poner aquí una comparacion, y aunque es por la una parte muy alta, y de la otra de un pobre soldado como yo, dicen los coronistas en los comentarios del Emperador y gran batallador Julio César que se halló en cincuenta y tres batallas aplazadas, yo digo que me hallé en muchas más batallas que el Julio César; lo cual, como dicho tengo, verán en mi relacion.
Y tambien dicen los coronistas que fué muy animoso y presto en las armas y muy esforzado en dar una batalla, y cuando tenia espacio, de noche escribia por propias manos sus heróicos hechos; y puesto que tuvo muchos coronistas, no lo quiso fiar dellos, que él lo escribió, é há muchos años, y no lo sabemos cierto; y lo que yo digo, ayer fué, á manera de decir; ansí que no es mucho que yo ahora en esta relacion declare en las batallas que me hallé peleando y en todo lo acaecido, para que digan en los tiempos venideros: «Esto hizo Bernal Diaz del Castillo, para que sus hijos y descendientes gocen las loas de sus heróicos hechos;» como agora vemos las famas y blasones que hay de tiempos pasados de valerosos capitanes, y aun de muchos caballeros y señores de vasallos.
Quiero dejar esta plática, porque si hubiese de meter más en ella la pluma, dirian algunas personas maliciosas y desparcidas lenguas, que no me querrán oir de buena gana, que salgo del órden que debo, y por