Tambien quiero decir que, como Cortés andaba mal dispuesto, y aun muy pensativo y descontento del trabajoso camino que llevábamos, é como habia mandado ahorcar á Guatemuz é su primo el señor de Tacuba sin tener justicia para ello, é habia cada dia hambre, é que adolescian españoles é morian muchos mejicanos, pareció ser que de noche no reposaba de pensar en ello, y salíase de la cama donde dormia á pasear en una sala adonde habia ídolos, que era aposento principal de aquel pueblezuelo, adonde tenian otros ídolos, y descuidóse y cayó más de dos estados abajo y se descalabró la cabeza, y calló, que no dijo cosa buena ni mala sobre ello, salvo curarse la descalabradura, y todo se lo pasaba y sufria.
É otro dia muy de mañana proseguimos á caminar con nuestras guias, y sin acontecer cosa que de contar sea, fuimos á dormir cabe un estero y cerca de unos montes muy altos; é otro dia fuimos por nuestro camino, é á hora de Misa mayor llegamos á un pueblo nuevo, y en aquel dia se habia despoblado y metido en unas ciénagas, y eran nuevamente hechas las casas y de pocos dias, y tenian en el pueblo hechas albarradas de maderos gruesos, y todo cercado de otros maderos muy recios, y hechas caras hondas ántes de la entrada en él, y dentro dos cercas, la una como barbacana, y con sus cubos y troneras; y tenian á otra parte por cerca unas peñas muy altas, llenas de piedras hechizas á mano, con grandes mamparos; y por otra parte una gran ciénaga, que era fortaleza.
Pues desque hubimos entrado en las casas hallamos tantos gallos de papada y gallinas cocidas, como los indios las comen, con sus ajíes y pan de maíz, que se dice entre ellos tamales, que por una parte nos admirábamos de cosa tan nueva, y por otra nos alegrábamos con la mucha comida, y dió que pensar en tan nuevo caso; y tambien hallamos una gran casa llena de lanzas chicas y arcos y flechas, y buscamos por los rededores de aquel pueblo si habia maizales y gente, y no habia ninguna, ni aun grano de maíz.