CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/A Tale of Two CitiesPublic
Page 276 of 577
Table of Contents

XVI. Aún tejiendo

Cuando el dueño de la bodega entró por la puerta, el espía lo saludó tocándose el sombrero y diciendo, con una sonrisa encantadora: —¡Buen día, Jacques! Defarge se detuvo en seco y lo quedó mirando.

—¡Buen día, Jacques! —repitió el espía; con no tanta confianza, ni una sonrisa tan fácil bajo aquella mirada fija.

—Se engaña usted, monsieur —respondió el dueño de la taberna—. Me toma por otro. Ese no es mi nombre. Yo soy Ernest Defarge.

—Todo es lo mismo —dijo el espía, con ligereza, pero también desconcertado—: ¡buenos días!

—¡Buenos días! —respondió Defarge, secamente.

“Le decía a la señora, con quien tenía el gusto de charlar cuando usted entró, que me cuentan que hay —¡y no es para menos!— mucha solidaridad e indignación en Saint Antoine, a raíz de la infeliz suerte del pobre Gaspard.”

—Nadie me ha dicho nada —dijo Defarge, sacudiendo la cabeza—. No sé nada de eso.

Habiendo dicho esto, pasó detrás del pequeño mostrador y se quedó de pie con la mano en el respaldo de la silla de su esposa, mirando por encima de aquella barrera a la persona a la que ambos se oponían y a la que cualquiera de los dos habría disparado con muchísimo gusto.

El espía, muy acostumbrado a su oficio, no cambió su actitud despreocupada, sino que se tragó su botellita de coñac, dio un trago de agua fresca y pidió otra copa de coñac. Madame Defarge se la sirvió, volvió a coger su labor de punto y tarareó una cancioncilla mientras tejía.

—Parece conocer bien este barrio; es decir, ¿mejor que yo? —observó Defarge.

276