Defarge, que había estado mordiéndose nerviosamente la uña del pulgar y mirándola, compuso en su rostro una expresión más severa.
—¿Qué es lo que dice su marido en esa cartita? —preguntó Madame Defarge con una sonrisa sombría—. ¿Influencia?; ¿dice algo referente a la influencia?
—Que mi padre —dijo Lucía, sacándose apresuradamente el papel del pecho, pero con los ojos llenos de alarma puestos en quien la interrogaba y no en el documento— tiene mucha influencia a su alrededor.
—¡Ciertamente lo pondrá en libertad! —dijo la señora Defarge—. ¡Que así sea!
—Como esposa y madre —exclamó Lucía con la mayor fervor—, le suplico que se apiade de mí y no ejerza ningún poder que posea contra mi inocente esposo, sino que lo use en su favor. ¡Oh, hermana mujer, piense en mí! ¡Como esposa y madre!