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nydus/The Jewish StatePublic
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Introducción

a pesar de que sus primeros pensamientos discurrían por un rumbo muy distinto.

Pero su análisis del antisemitismo y de cómo abordar el problema sigue siendo tan cierto hoy, después de Hitler, como lo era entonces, después de Dreyfus.

Esta fue la auténtica revelación que en sus últimos días quedó grabada en su mente. La condición de sin hogar del pueblo judío debe llegar a su fin. Dicha tragedia es un problema mundial. Debe resolverse mediante la diplomacia mundial en cooperación con el reanimado pueblo judío. Debe resolverse mediante el establecimiento de un Estado judío libre en su histórica Tierra Natal.

Herzl manifestó su absoluta identificación con el destino de su propio pueblo en el Congreso de Uganda cuando se enfrentó a los rebeldes sionistas rusos, les dirigió palabras de consuelo y les dio garantías de su lealtad a Sion. Murió pocos meses después.

«El Estado judío» no fue considerado por Herzl como una obra literaria.

Era un documento político. Había de servir de introducción a la acción política. Había de conducir a la conversión de los dirigentes de la vida política. Había de ganar prosélitos para la idea de un Estado judío.

Aunque al principio era un hombre tímido, no dudó en abrirse paso por los pasillos de los grandes y sufrir las humillaciones del suplicante.

A través de aquel notable amigo y cristiano, el reverendo William H. Hechler, conoció al gran duque de Baden; hizo la ronda de los hombres de estado alemanes, el conde zu Eulenburg, el ministro de Asuntos Exteriores, Von Bülow, y el canciller del Reich, Hohenlohe; luego conoció a los favoritos que rodeaban al sultán Abdul Hamid y al propio sultán.

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