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Aún entonaba más estrofas, con acento de sirena, loando el gran renombre de su Albuquerque, cuando recordó la apasionada hazaña, la mancha en su blanca fama que sobre el mundo ha brillado.
El poderoso Capitán a quien los Hados ordenan ver sus fatigas ganar la corona duradera de la Gloria, debe mostrarse siempre benévolo y amado compañero de sus propios hombres, no cruel y severo juez.