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“Por eso hube de huir de la alta cumbre, en busca de un consuelo a mi dolor; y busco si, al perder mi rango y lumbre en el Cielo, honráis aún mi anhelo y ardor”.
Más quiso hablar, mas calló su pesadumbre, pues ya las lágrimas, de dos en dos, brotaron de sus párpados colmados, y al verlas, sintiéronse los Dioses del Agua abrasados.