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Y asimismo cuenta, con falaz intento, cómo engañó el taimado Sinón al pueblo frigio de una isla cercana, que siempre había brindado a los moradores cristianos la más segura morada.
Nuestro Capitán, ávido de noticias, prestó tanta y tan alegre atención a estas palabras de gracia, que con los más ricos regalos ordenó al Guía que lo condujera a las regiones donde tales hombres habitan.