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« “¡Mas oh! ¡Raza engendrada por su insano pecado, a quien la desobediencia del alto mandato no solo desterró del reino celestial, y condenó a tierra distante y de exilio; sino también, de otro estado demasiado bienaventurado para los hombres, donde la Paz con la Inocencia marchaban de la mano, aquella antigua Edad de oro, arrojó a sus víctimas a un mundo de hierro y armado: