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Y con más amor para conmover a su soberano Padre, quien siempre la amó con constante voluntad, se muestra tal como al pastor troyano se mostró antaño en el boscoso monte Ida.
Si a ella el cazador que la forma de hombre perdió, al ver a Diana en el arroyo de vidrio, la hubiera visto, jamás habría muerto a manos de un sabueso voraz, muerto antes por una herida más cruel y más certera.