66
“Desde allí navegamos, surcando por días — donde borrascas y calmas melancólicas alternan sus dominios— Océanos soñados y rumbos sin sendas, siendo la Esperanza nuestra única guía en penalidades tan extrañas: Largo tiempo luchamos con el laberinto salvaje del mar, hasta que, siendo su Ley general el Cambio inalterable, dimos con una corriente de tal velocidad que, contra su flujo, era arduo avanzar.