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Nuevamente las inquietas Esferas girando apresuradas rodaban, condenando de nuevo al hombre a su antigua faena:
Nuevamente la Madre de Memnón derramaba resplandor, y de los ojos del perezoso retiraba el dulce sueño:
Las últimas sombras huían fundiéndose lentamente, sobre las terrenales florecillas que lloraban rocío gélido; cuando el Rey de Melinde tomó una barca para poder contemplar la Escuadra que surcaba el mar de los Negros.