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nydus/The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. HydePublic
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La declaración completa del caso de Henry Jekyll

cuerpo que no parecía lo suficientemente fuerte como para contener las furiosas energías de la vida. Los poderes de Hyde parecían haber crecido con la debilidad enfermiza de Jekyll.

Y ciertamente el odio que ahora los dividía era igual por ambas partes. Para Jekyll, era una cuestión de instinto vital. Había visto ya toda la deformidad de aquella criatura que compartía con él algunos de los fenómenos de la conciencia, y era coheredero con él de la muerte; y más allá de estos lazos de comunidad, que en sí mismos constituían la parte más desgarradora de su angustia, pensaba en Hyde, a pesar de toda su energía vital, como en algo no solo infernal sino inorgánico.

Esto era lo espantoso: que el limo de la sima pareciera emitir gritos y voces; que el polvo amorfo gesticulara ypecara; que lo que estaba muerto, y carecía de forma, usurpase las funciones de la vida.

Y esto también: que aquel horror insurrecto estuviera unido a él más estrechamente que una esposa, más que un ojo; yacía enjaulado en su carne, donde lo oía murmurar y sentía que luchaba por nacer; y a cada hora de debilidad, y en la confianza del sopor, prevalecía sobre él y lo despojaba de la vida.

El odio de Hyde hacia Jekyll era de otra índole. Su terror a la horca lo impulsaba continuamente a cometer un suicidio temporal y a regresar a su subordinada condición de parte en vez de persona; pero aborrecía esa necesidad, aborrecía el abatimiento en el que Jekyll había caído ahora, y le irritaba la aversión con la que él mismo era mirado. De ahí las travesuras simiescas que solía jugarme, garabateando con mi propia letra blasfemias en las páginas de mis libros, quemando las cartas y destruyendo el retrato de mi padre; y, en verdad, de no haber sido por su miedo a la muerte, hacía tiempo que se habría arruinado a sí mismo con el fin de arrastrarme a mí en la ruina.

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