El paisaje era neblinoso y vago. Aún me encontraba en la ladera sobre la que ahora se levanta esta casa, y la cumbre se alzaba por encima de mí gris y difusa. Vi árboles creciendo y cambiando como nubecillas de vapor, ora marrones, ora verdes; crecían, se extendían, se estremecían y se desvanecían. Vi enormes edificios alzarse tenues y hermosos, y pasar como sueños. Toda la superficie de la tierra parecía haber cambiado—diluyéndose y fluyendo ante mis ojos.
Las pequeñas manecillas de las esferas que registraban mi velocidad giraban cada vez más rápido. Al poco tiempo observé que la franja solar oscilaba arriba y abajo, de solsticio a solsticio, en un minuto o menos, y que, en consecuencia, mi ritmo superaba el año por minuto; y, minuto a minuto, la nieve blanca destellaba por el mundo, y se desvanecía, y era seguida por el verde brillante y fugaz de la primavera.
“Las desagradables sensaciones del principio eran ya menos agudas. Por fin se fundieron en una especie de exaltación histérica. Noté en verdad un torpe balanceo de la máquina, que no lograba explicarme. Pero mi mente estaba demasiado confusa para prestarle atención, de modo que, con una especie de locura que crecía en mí, me lancé hacia el porvenir. Al principio apenas pensé en detener-me, apenas pensé en otra cosa que en estas nuevas sensaciones. Pero pronto surgió en mi mente una nueva serie de impresiones —cierta curiosidad y junto con ella cierto temor— hasta que al fin se apoderaron por completo de mí. ¡Qué extraños desarrollos de la humanidad, qué maravillosos progresos con respecto a nuestra civilización rudimentaria, pensé, no podrían aparecer cuando llegara a observar de cerca el mundo tenue y esquivo que corría y fluctuaba ante mis ojos! Vi gran y espléndida arquitectura levantándose a mi alrededor, más maciza que cualquier edificio de nuestra propia época y, sin embargo, según parecía, construida de destello y bruma. Vi un verde más rico fluir ladera arriba y permanecer allí, sin ninguna interrupción invernal. Aun a través del velo de mi confusión, la tierra parecía muy hermosa. Y así mi mente volvió a la tarea de detenerse.