tema fuera insoportable. Y cuando insisti, quizá con un poco de dureza, rompió a llorar. Fueron las únicas lágrimas, aparte de las mías, que vi jamás en aquella Edad de Oro. Al verlas, dejé de golpe de preocuparme por los morlocks, y solo me importaba hacer desaparecer aquellas señales de la herencia humana de los ojos de Weena. Y muy pronto ella sonreía y palmea las manos, mientras yo encendía solemnemente una cerilla».
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V. El Viajero del Tiempo regresa
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