hermana, enviándola inútilmente a Londres mientras estaba medio enloquecida de ansiedad por causa de la señorita Halcombe. Naturalmente, me guardé estos pensamientos para mí y no dije nada más para irritarlo; pero no por ello estaba menos decidida a persistir en mi propósito. > La blanda respuesta quita la ira, y en consecuencia reprimí mis propios sentimientos cuando me tocó el turno de
—Mientras esté a su servicio, Sir Percival —dije—, espero conocer mi deber lo suficientemente bien como para no indagar en sus motivos. Cuando esté fuera de su servicio, espero conocer mi propio lugar lo suficientemente bien como para no hablar de asuntos que no me conciernen—
—¿Cuándo quieres irte? —preguntó, interrumpiéndome sin miramientos—. No vayas a suponer que me emociona retenerte; no vayas a creer que me importa que dejes la casa. He sido totalmente honesto y abierto en este asunto, de principio a fin. ¿Cuándo quieres irte?