El muchacho andrajoso que no tiene nada que hacer Más que rascarse los dedos y inclinarse sobre mi hombro:
“En mi país hará tiempo lluvioso, Viento, mucho sol y lluvia; Es lo que llaman el día de colada de los mendigos.”
(Charlatán, baboso, de grupa redonda, Te lo ruego, al menos, no babes en la sopa).
“Los sauces empapados, y brotes en las zarzas— Allí es donde, en un chaparrón, uno se guarece. Yo tenía siete años, ella era más pequeña. Estaba toda mojada, le regalé primulas.”
Las manchas de su chaleco ascienden al número de treinta y ocho.
“Yo la hacía cosquillas, para hacerla reír. Sentía un instante de poder y de delirio.”
—Mas entonces, viejo lubrico, a esa edad... “Señor, el caso es duro. Vino a manosearnos un gran perro; yo tenía miedo, la dejé a mitad de camino. Es una lástima”.
Mais alors, tu as ton vautour!
Va t’en te décrotter les rides du visage;
Tiens, ma fourchette, décrasse-toi le crâne.
De quel droit payes-tu des expériences comme moi?
Tiens, voilà dix sous, pour la salle-de-bains.