CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Page 59 of 98
Table of Contents

III. El sermón del fuego

El sermón del fuego

La tienda del río está rota: los últimos dedos de hoja Se aferran y se hunden en la húmeda orilla. El viento Atraviesa la tierra parda, sin ser oído. Las ninfas han partido.

Dulce Támesis, corre suavemente, hasta que termine mi canto.

El río no arrastra botellas vacías, papeles de envolver emparedados, Pañuelos de seda, cajas de cartón, colillas de cigarrillos U otro testimonio de las noches de verano. Las ninfas han partido. Y sus amigos, los herederos remolones de los directores de la ciudad; Han partido, sin dejar direcciones. Junto a las aguas de Lemán me senté y lloré⁠ ⁠…

Dulce Támesis, corre suavemente hasta que termine mi canto, Dulce Támesis, corre suavemente, pues no hablo en voz alta ni largo rato. Pero a mi espalda en una ráfaga fría oigo El cascabeleo de los huesos y una risa burliza de oreja a oreja.

Una rata reptaba suavemente por la vegetación Arrastrando su vientre viscoso en la orilla Mientras yo pescaba en el canal sombrío En una tarde de invierno tras el gasómetro Meditando sobre el naufragio de mi hermano el rey Y sobre la muerte de mi padre el rey antes que él. Cuerpos blancos desnudos en el suelo bajo y húmedo Y huesos arrojados en una pequeña buhardilla baja y seca, Haciendo resonar la pata de la rata tan solo, año tras año. Pero a mi espalda de vez en cuando escucho El sonido de trompas y motores, que llevarán A Sweeney hacia la señora Porter en primavera.

59