indecisiones, Y para cien visiones y revisiones, Antes de tomar una tostada y té.
En la habitación las mujeres van y vienen hablando de Miguel Ángel.
Y en verdad habrá tiempo para preguntarse: «¿Me atreveré?» y «¿Me atreveré?», tiempo de dar la vuelta y bajar la escalera, con una calva en el centro de la cabeza— (Dirán: «¡Cómo se le ralea el pelo!»); mi levita, mi cuello firme contra la barbilla, mi corbata lujosa y modesta, pero afirmada por un sencillo alfiler— (Dirán: «¡Pero qué delgados son sus brazos y piernas!»). ¿Me atreveré a perturbar el universo? En un minuto hay tiempo para decisiones y revisiones que un minuto revocará.
Pues los he conocido a todos, ya los he conocido todos:
- He conocido las tardes, mañanas, tardes,
- he medido mi vida con cucharillas de café;
- conozco las voces que mueren con un deceso sutil
- bajo la música de una habitación lejana.
¿Y cómo he de atreverme?
Y ya he conocido los ojos de antemano, los he conocido todos— Los ojos que te fijan en una frase formulada, Y cuando ya estoy formulado, tendido en un alfiler, Cuando estoy alfilerado y retorciéndome en la pared, Entonces, ¿cómo he de empezar A escupir todas las colillas de mis días y mis modos? ¿Y cómo he de atreverme?
Y he conocido los brazos ya, los he conocido todos— Brazos que llevan brazaletes, blancos y desnudos (¡Mas bajo la luz de la lámpara, cubiertos de un vello castaño claro!) ¿Es el perfume de un vestido lo que así me hace divagar? Brazos que yacen sobre una mesa, o se envuelven en un chal. ¿Y debería entonces atreverme? ¿Y cómo debería empezar?
¿Diré que he recorrido calles estrechas al atardecer y he observado el humo que sale de las pipas de hombres solos en mangas de camisa,