Hay dos fuerzas especiales por el lado judío que alimentan y exasperan la inevitable fricción entre la raza judía y sus huéspedes. Será conveniente ocuparse de estas antes de pasar a las fuerzas correspondientes de nuestro lado. Pues para hallar un remedio es necesario diagnosticar la enfermedad.
Las dos principales fuerzas judías que exasperan y mantienen la sensación de fricción entre los judíos y sus anfitriones son, en primer lugar, la dependencia judía del secretismo y, en segundo lugar, la expresión judía de superioridad.
- La dependencia judía del secreto
Lamentablemente, se ha convertido ya en un hábito para tantas generaciones, hasta el punto de pasar casi a ser un instinto en todo el cuerpo judío, el confiar en el arma del secreto.
- Sociedades secretas,
- un idioma mantenido en lo posible en secreto,
- el uso de nombres falsos para ocultar movimientos secretos,
- relaciones secretas entre varias partes del cuerpo judío:
todas estas y otras formas de secreto se han convertido en el método nacional. Es un método deplorable, no porque su indignidad y falsedad degraden al judío —eso no es asunto nuestro— sino más bien debido a los malos efectos que esta política produce en nuestras relaciones mutuas.
Alimenta e intensifica el antagonismo ya suscitado por el contraste racial.