Es la tesis de este libro que la continua presencia de la nación judía entremezclada con otras naciones ajenas a ella presenta un problema permanente de la más grave índole: que la cultura, la tradición, la raza y la religión de Europa, totalmente diferentes, hacen de Europa un antagonista permanente de Israel, y que la reciente y rápida intensificación de dicho antagonismo otorga al hallazgo de una solución una importancia inmediata y sumamente práctica.
Pues si se permite que la disputa crezca sin control y continúe sin apaciguarse, llegaremos, de forma inesperada y pronto, a una de esas tragedias que han marcado durante siglos las relaciones entre esta peculiar nación y nosotros.
El problema judío es uno para el cual no se puede encontrar un paralelo verdadero, pues el fenómeno histórico y social que lo ha producido es único.
Es un problema que no puede esquivarse, como la última generación, tanto de judíos como de sus anfitriones, intentó esquivarlo.
Es un problema que no puede evitarse, ni siquiera disminuirse (como puede hacerse con algunos problemas sociales), por el efecto sanador del tiempo: pues está creciendo ante nuestros ojos.
Debe ser afrontado y abordado abiertamente y ahora.
Ese problema es el problema de reducir o acomodar la tensión producida por la presencia de un cuerpo extraño dentro de cualquier organismo. El cuerpo extraño genera tensiones o, para cambiar de metáfora, produce una fricción que es perjudicial tanto para sí mismo como para el