difiere de todas las demás; y es marcadamente, obviamente, judía. ¿Pero por qué tuvieron los judíos una oportunidad de acción en Rusia que les faltaba en otros lugares?
¿Cuáles fueron los caracteres especiales de la oportunidad rusa que hicieron del judío el creador de todo el movimiento?
Hay, según entiendo, tres factores principales en este caso que se prestan de manera peculiar al esfuerzo judío.
En primer lugar, esta revolución recayó sobre, y se dirigió hacia, un fenómeno social particular en el cual aquel profundo instinto del europeo, el deseo de una propiedad establecida, se había deteriorado.
Recayó sobre el estado de cosas llamado Capitalismo Industrial, cuya señal principal es la destrucción en la masa sometida a él (o, en todo caso, la atrofia) de esa parte esencial del alma europea: la propiedad.
El judío es, indudablemente, incapaz de simpatizar con nosotros en ese núcleo central de nuestros instintos cívicos. Jamás ha comprendido el sentido europeo de la propiedad y dudo que llegue a comprenderlo jamás.
Pero en Rusia el Capitalismo Industrial era bastante nuevo. El resentimiento contra él era agudo. Las víctimas eran hijos de campesinos, o habían nacido ellos mismos campesinos, de modo que esta masa proletaria en las ciudades rusas, aunque representaba menos de una décima parte de toda la nación, era singularmente accesible a la propaganda contra sus amos. Y un ataque llevado a cabo con éxito en ese punto más débil del Capitalismo moderno podría triunfar fácilmente y luego extenderse a los centros industrializados vecinos de Polonia, Alemania y, así, hacia el oeste.
Ahora bien, el ataque contra este fenómeno internacional, un ataque dirigido contra el capitalismo industrial, requería una fuerza