Para volverse a su carrera académica. Planeó el gran Cambridge Shakespeare, primero con Glover y luego con Aldis Wright (ambos bibliotecarios del Trinity), y, ayudado por Aldis Wright, publicó el Globe Shakespeare, un texto popular. Recopiló mucho material para una edición de Aristófanes. También publicó algunos sermones, pero en 1869 abandonó los sagrados órdenes —lo cual, por cierto, nos eximirá de una ortodoxia excesiva—. Al igual que su amigo y biógrafo Leslie Stephen, como Henry Sidgwick y otros de esa generación, no le fue posible permanecer en la Iglesia, y ha explicado sus razones en un folleto titulado The Present Dangers of the Church of England. En consecuencia, renunció a su puesto de Orador Público, aunque conservó su tutoría universitaria. Murió a la edad de cincuenta y siete años, estimado por todos los que lo conocieron como un hombre amable, erudito y honesto. Habrán comprendido que es una figura de Cambridge. No una figura en el gran mundo o siquiera en Oxford, sino un espíritu peculiar de estos claustros que quizá solo ustedes, que los pisan después de él, puedan apreciar con justeza: el espíritu de integridad. A partir de un legado en su testamento, su viejo college ha dispuesto una serie de conferencias que se impartirán anualmente «sobre algún periodo o periodos de la literatura inglesa no anteriores a Chaucer», y por eso nos reunimos aquí ahora.
Las invocaciones ya no se llevan, pero yo quería hacer esta pequeña por dos razones: * En primer lugar, ¡que un poco de la integridad de Clark nos acompañe a lo largo de este curso!; y * en segundo lugar, ¡que nos conceda un poco de desatención! Pues no voy a ceñirme estrictamente a las condiciones establecidas: «Periodo o periodos de la literatura inglesa». Esta condición, aunque suena liberal y lo es en espíritu, resulta que, en la práctica, no se adapta del todo a nuestro tema, y dedicaré la conferencia introductoria a explicar