señorita Austen con la figura de Emma a su lado, y Thackeray sosteniendo a Esmond. Pero ningún comentario inteligente que yo conozca definirá esta región en su conjunto. Todo lo que podemos decir de ella es que está delimitada por dos cadenas montañosas de las cuales ninguna se eleva de manera muy abrupta—las cordilleras opuestas de la Poesía y de la Historia—, y delimitada en su tercer lado por un mar—un mar que encontraremos cuando lleguemos a Moby Dick.
Empecemos por considerar la salvedad «literatura inglesa». Por supuesto, interpretaremos «inglés» como escrito en inglés, no como publicado al sur del Tweed, al este del Atlántico o al norte del ecuador: no necesitamos prestar atención a los accidentes geográficos, podemos dejárselos a los políticos. Sin embargo, aun con esta interpretación, ¿somos tan libres como desearíamos? Al hablar de la ficción inglesa, ¿podemos pasar por alto del todo la ficción escrita en otras lenguas, particularmente en francés y en ruso? En lo que respecta a la influencia, podríamos ignorarla, pues nuestros escritores nunca se han visto muy influidos por los continentales. Pero —por razones que explicaré pronto— quiero hablar lo menos posible sobre la influencia durante estas conferencias. Mi tema es un tipo particular de libro y los aspectos que ese libro ha asumido en inglés. ¿Podemos pasar por alto sus aspectos colaterales en el continente? No del todo. Aquí hay que afrontar una verdad desagradable y antipatriótica. * Ningún novelista inglés es tan grande como Tolstói; es decir, ninguno ha ofrecido un retrato tan completo de la vida del hombre, tanto en su vertiente doméstica como en la heroica. * Ningún novelista inglés ha explorado el alma humana tan profundamente