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nydus/Aspects of the NovelPublic
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VII. Profecía

Profecía

Con la profecía en el sentido estricto de predecir el futuro no tenemos nada que ver, y no tenemos mucho que ver con ella como un llamamiento a la rectitud. Lo que nos interesará hoy —a lo que debemos responder, pues «interés» se convierte ahora en una palabra inadecuada— es un acento en la voz del novelista, un acento para el cual las flautas y los saxofones de la fantasía tal vez nos hayan preparado. Su tema es el universo, o algo universal, pero no va necesariamente a «decir» nada sobre el universo; se propone cantar, y la extrañeza de que surja una canción en los salones de la ficción ha de causarnos inevitablemente un impacto. ¿Cómo se combinará la canción con el mobiliario del sentido común?, nos preguntaremos, y tendremos que responder que «no muy bien»: el cantante no siempre tiene espacio para sus gestos, las mesas y las sillas se rompen, y la novela por la que ha pasado la influencia bárdica suele presentar un aspecto destrozado, como un salón después de un terremoto o de una fiesta infantil. Los lectores de D. H. Lawrence entenderán a qué me refiero.

Profecía⁠—en nuestro sentido⁠—es un tono de voz. Puede implicar cualquiera de las creencias que han perseguido a la humanidad⁠—el cristianismo, el budismo, el dualismo, el satanismo, o la mera elevación del amor y el odio humanos a una potencia tal que sus recipientes habituales ya no los contienen⁠—; pero la visión particular del universo que se recomienda⁠—con eso no estamos directamente relacionados. Es la implicación la que significa y se filtrará en los giros de la frase del novelista, y en esta conferencia, que promete ser tan vaga y grandiosa, tal vez nos acerquemos más que en ninguna otra parte a las minucias del

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