el fiordo de
Esa es la primera frase de The Antiquary —no es una frase emocionante, pero nos da el tiempo, el lugar y a un joven—, establece el escenario del narrador. Sentimos un interés moderado por lo que el joven hará a continuación. Se llama Lovel y hay un misterio en torno a él. Es el héroe o Scott no lo llamaría distinguido, y seguro que hará feliz a la heroína.
Se encuentra con el Anticuario, Jonathan Oldbuck. Suben al coche, no sin cierta pausa, entablan conversación y Lovel visita a Oldbuck en su casa. Cerca de ella se encuentran con un nuevo personaje, Edie Ochiltree. Scott es hábil para presentar personajes nuevos. Los introduce con gran naturalidad y un aire prometedor. Edie Ochiltree promete mucho. Es un mendigo —aunque no un mendigo cualquiera, sino un pícaro romántico y fiable—, ¿y acaso no ayudará a resolver el misterio del que ya atisbamos un indicio en Lovel?