Meredith fracasa aquí: Beauchamp’s Career sigue siendo una serie de artificios (el viaje a Francia es otro de ellos), pero artificios que brotan de los personajes y repercuten en ellos.
Y ahora, brevemente, para ilustrar el elemento de misterio en la trama: la fórmula de «La reina murió; se descubrió después que fue de pesar».
Tomaré un ejemplo, no de Dickens (aunque Grandes esperanzas ofrece uno excelente), ni de Conan Doyle (a quien mi pedantería me impide disfrutar), sino nuevamente de Meredith: un ejemplo de emoción oculta de la admirable trama de El egoísta: aparece en el personaje de Laetitia Dale.
Se nos dice, al principio, todo lo que pasa por la mente de Laetitia. Sir Willoughby la ha rechazado dos veces, ella está triste, resignada.
Luego, por razones dramáticas, su mente se nos oculta, se desarrolla con bastante naturalidad, pero no vuelve a emerger hasta la gran escena de medianoche en la que él le pide que se case con él porque no está seguro de Clara, y esta vez, convertida en una mujer distinta, Laetitia dice «No».
Meredith ha ocultado el cambio. Habría arruinado su alta comedia si se nos hubiera mantenido en contacto con él durante todo el proceso. Sir Willoughby tiene que sufrir una serie de desplomes, aferrarse a esto y a aquello, y descubrir que todo está endeble.
No disfrutaríamos de la diversión, de hecho sería de mal gusto, si viéramos al autor preparando las trampas de antemano, por lo que la apatía de Laetitia nos ha sido oculta. Este es uno de los innumerables ejemplos en los que el argumento o el personaje tienen que sufrir, y Meredith, con su infalible buen juicio, deja aquí que triunfe el argumento.