Ahora entra en juego el interés de Glenallan, las ruinas de St. Ruth se apagan y entramos en lo que puede llamarse la «prehistoria», donde intervienen dos nuevos personajes que hablan de forma enigmática y oscura sobre un pasado pecufioso. Sus nombres son: Elspeth Mucklebackit, una pescadora con aires de sibila, y lord Glenallan, hijo de la condesa difunta. Su diálogo se ve interrumpido por otros acontecimientos: el arresto, el juicio y la liberación de Edie Ochiltree, la muerte por ahogamiento de otro personaje nuevo y los momentos cómicos de la convalecencia de Hector McIntyre en casa de su tío.
Pero la esencia es que lord Glenallan se había casado muchos años atrás con una dama llamada Evelina Nevile, en contra del deseo de su madre, y luego se le había dado a entender que ella era su hermanastra.
Enloquecido de horror, la había abandonado antes de que diera a luz a un hijo.
Elspeth, que antaño fuera criada de su madre, le explica ahora que Evelina no tenía parentesco alguno con él, que murió en el parto —estando presentes la propia Elspeth y otra mujer— y que el niño desapareció.
Lord Glenallan acude entonces a consultar al Anticuario, quien, en calidad de juez de paz, sabía algo de los acontecimientos de aquella época y también había amado a Evelina.
¿Y qué pasa después? Los bienes de Sir Arthur Wardour son embargados, pues Dousterswivel lo ha arruinado.