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nydus/Aspects of the NovelPublic
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VIII. Patrón y Ritmo

Y, más allá de la comedia personal, está la gran importancia literaria del asunto. Es esta cuestión del patrón rígido: el reloj de arena o la gran cadena o las líneas convergentes de la catedral o las líneas divergentes de la rueda de Caterina, o el lecho de Procusto⁠—cualquier imagen que se prefiera con tal de que implique unidad.

¿Puede combinarse con la inmensa riqueza de material que la vida proporciona? Wells y James coincidirían en que no; Wells continuaría diciendo que debe darse preferencia a la vida, y que esta no debe esculpirse ni distenderse en aras de un patrón.

Mis propios prejuicios están con Wells. Las novelas de James son una posesión única y el lector que no puede aceptar sus premisas se pierde algunas sensaciones valiosas y exquisitas. Pero no quiero más novelas suyas, especialmente cuando están escritas por otra persona, del mismo modo que no quiero que el arte de Ajenatón se extienda hasta el reinado de Tutankamón.

Esa es, pues, la desventaja de un patrón rígido. Puede exteriorizar la atmósfera, surgir de forma natural de la trama, pero le cierra las puertas a la vida y deja al novelista haciendo ejercicios, por lo general en el salón. La belleza ha llegado, pero bajo un disfraz demasiado tiránico. En las obras de teatro —las obras de Racine, por ejemplo— puede estar justificada, porque en el escenario la belleza puede ser una gran emperatriz y reconciliarnos con la pérdida de los hombres que conocíamos. Pero en la novela, su tiranía, a medida que se hace más poderosa, se vuelve mezquina y genera unos remordimientos que a veces adoptan la forma de libros como Boon. Para decirlo con otras palabras, la novela no es capaz de tanto desarrollo artístico como el drama: su humanidad o la grosería de su material se lo impiden (use la frase que prefiera). Para la mayoría de los lectores de ficción, la sensación que produce un patrón no es lo suficientemente intensa como para justificar los sacrificios que lo hicieron posible, y su veredicto es: «Muy bien hecho, pero no vale la pena».

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