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nydus/Aspects of the NovelPublic
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Table of Contents

I. Introductorio

Clasificación por temas⁠—más tonta aún. La literatura de mesones, empezando por Tom Jones; la literatura del movimiento feminista, empezando por Shirley; la literatura de islas desiertas, desde Robinson Crusoe hasta El lago azul; la literatura de pícaros⁠—la más aburrida de todas, aunque la de la carretera abierta le va a la zaga; la literatura de Sussex (quizás la más devota de los Home Counties); libros impúdicos⁠—una rama de la investigación seria aunque espantosa, que solo deben perseguir los seudoeruditos de edad más madura, novelas relativas al industrialismo, la aviación, la podología, el clima.

Incluyo lo del tiempo atmosférico basándome en la autoridad de la obra sobre la novela más asombrosa con la que me he topado en muchos años. Me llegó desde el otro lado del Atlántico, y jamás la olvidaré. Era un manual literario titulado Materials and Methods of Fiction. Ocultaré el nombre del autor. Era un seudoerudito, y de los buenos. Clasificaba las novelas según sus fechas, su extensión, su localidad, su sexo, su punto de vista, hasta que nada más pareció posible. Pero aún se guardaba el tiempo atmosférico bajo la manga, y cuando lo sacó, tenía nueve cabezas.

Dio un ejemplo bajo cada epígrafe, pues estaba muy lejos de ser descuidado, y vamos a repasar su lista. En primer lugar, el clima puede ser «decorativo», como en Pierre Loti; luego «utilitario», como en The Mill on the Floss (sin Floss, no hay molino; sin molino, no hay Tulliver); «ilustrativo», como en The Egoist; «planificado en armonía preestablecida», como en Fiona MacLeod; «en contraste emocional», como en The Master of Ballantrae; «determinante de la acción», como en cierto cuento de Kipling, donde un hombre le propone matrimonio a la chica equivocada a causa de una tormenta de barro; «una influencia controladora», Richard Feverel; «un héroe en sí mismo», como el Vesubio en Los últimos días de Pompeya; y en noveno lugar, puede ser «inexistente», como en un cuento infantil. Me gustó que añadiera lo de la inexistencia. Hacía que todo pareciera muy científico y pulcro.

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