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nydus/Aspects of the NovelPublic
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VII. Profecía

¿He tenido yo también ese buen sueño? No, los personajes de Dostoyevsky nos piden que compartamos algo más profundo que sus experiencias. Nos transmiten una sensación que es en parte física: la sensación de sumergirnos en un globo translúcido y ver nuestra experiencia flotando muy arriba, en su superficie, diminuta, remota, pero nuestra. No hemos dejado de ser personas, no hemos renunciado a nada, sino que «el mar está en el pez y el pez está en el mar».

Allí tocamos el límite de nuestro tema. No nos concierne el mensaje del profeta, o más bien (dado que el fondo y la forma no pueden separarse por completo) nos concierne lo menos posible.

Lo que importa es el acento de su voz, su canto.

Hetty podría tener un buen sueño en la prisión, y sería verdad sobre ella, verídico de manera satisfactoria, pero se quedaría a medias. Dinah diría que se alegra, Hetty relataría su sueño, el cual, a diferencia del de Mitia, estaría conectado lógicamente con la crisis, y George Eliot diría algo sensato y comprensivo sobre los buenos sueños en general y su efecto inexplicablemente benéfico en el pecho atormentado.

Exactamente iguales y absolutamente distintas son las dos escenas, los dos libros, los dos escritores.

Ahora surge otro punto.

Considerado meramente como novelista, el profeta tiene ciertas ventajas inquietantes, de modo que a veces vale la pena dejarlo entrar en un salón, aunque solo sea por el mobiliario.

Quizá rompa o distorsione, pero quizá ilumine. Como dije del creador de fantasías, manipula un haz de luz que de vez en cuando toca los objetos tan esmeradamente desempolvados por la mano del sentido común, y los vuelve más vívidos de lo que jamás podrán ser en la domesticidad.

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