En la escena central del libro a la que se aproximan, él triunfa; ella ingresa en un convento y alcanza la salvación, porque lo ha conocido a él, pero él, por haberla conocido a ella, está condenado.
Los dos personajes convergen, se cruzan y se alejan con precisión matemática, y parte del placer que obtenemos del libro se debe a esto.
Tal es la estructura de Thaïs; tan sencilla que constituye un buen punto de partida para un análisis complejo. Es la misma que la historia de Thaïs, cuando los acontecimientos se desarrollan en su secuencia temporal, y la misma que la trama de Thaïs, cuando vemos a los dos personajes atados por sus acciones anteriores y dando pasos fatales cuyas consecuencias no prevén. Pero mientras que la historia apela a nuestra curiosidad y la trama a nuestra inteligencia, la estructura apela a nuestro sentido estético; hace que veamos el libro como un todo.
No lo vemos como un reloj de arena; esa es la jerga dura del aula que nunca debe tomarse literalmente en esta avanzada etapa de nuestra investigación. Simplemente sentimos placer sin saber por qué, y cuando el placer pasa, como ocurre ahora, y nuestras mentes quedan libres para explicarlo, se comprobará que un símil geométrico como el de un reloj de arena resulta útil.
Si no fuera por este reloj de arena, la historia, la trama y los personajes de Thaïs y Paphnuce no ejercerían toda su fuerza, ninguno de ellos respiraría como lo hace.
El «patrón», que parece tan rígido, está conectado con la atmósfera, que parece tan fluida.
Pasemos ahora al libro que tiene la forma de la gran cadena: Roman Pictures, de Percy Lubbock.
Roman Pictures es una comedia social.