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nydus/Aspects of the NovelPublic
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IV. Personas (Continuación)

que las guerras napoleónicas—. Julia se fuga; María, que está desdichadamente casada, se escapa con un amante. ¿Cuál es la reacción de Lady Bertram? La frase que la describe es significativa: > «Lady Bertram no reflexionaba profundamente, pero, guiada por Sir Thomas, opinaba con acierto sobre todos los asuntos importantes y vio, por tanto, en toda su enormidad lo que había ocurrido, sin esforzarse ella misma, ni exigir a Fanny que la aconsejara, por restarle importancia a la culpa y a la

Son palabras fuertes, y solían preocuparme porque creía que el sentido moral de Jane Austen se le estaba yendo de las manos. Ella puede —y desde luego lo hace— reprobar la culpa y la infamia por su cuenta, y causa debidamente toda la angustia posible en las mentes de Edmund y Fanny, pero ¿tiene algún derecho a alterar a la tranquila y coherente Lady Bertram? ¿No es como ponerle tres caras a un carlino y ponerlo a vigilar las puertas del Infierno? ¿No debería su señoría permanecer en el sofá diciendo: «Esto es un asunto terrible y tristemente agotador lo de Julia y María, pero ¿adónde se ha ido Fanny? Se me ha vuelto a escapar un punto»?

Solía pensar esto por haber malinterpretado el método de Jane Austen, exactamente igual que Scott lo hizo cuando la felicitó por pintar sobre un marfil de dos pulgadas.

Es una miniaturista, pero jamás bidimensional. Todos sus personajes son redondos o capaces de serlo. Hasta la señorita Bates tiene mente, hasta Elizabeth Elliot tiene corazón, y el fervor moral de Lady Bertram deja de molestarnos cuando comprendemos esto: el disco se ha extendido de repente y se ha convertido en un pequeño globo.

Cuando se cierra la novela, Lady Bertram vuelve a ser plana, es verdad; la impresión dominante que deja puede resumirse en una fórmula. Pero no es así como la concebía Jane Austen, y a esto se debe la frescura de sus reapariciones.

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