novela, lo han exagerado bastante. No creo que sea tan importante en sí mismo como una combinación adecuada de personajes, un problema con el que también se enfrenta el dramaturgo. Y el novelista debe embaucarnos; eso es imperativo.
Echemos un vistazo a otros dos ejemplos de un punto de vista cambiante.
El eminente escritor francés André Gide ha publicado una novela titulada Les Faux Monnayeurs —a pesar de toda su modernidad, esta novela de Gide tiene un aspecto en común con Bleak House: carece por completo de lógica. A veces el autor es omnisciente: lo explica todo, toma distancia, «il juge ses personnages»; en otras ocasiones su omnisciente es parcial; y más aún, es dramático, y hace que la historia se cuente a través del diario de uno de los personajes. Hay la misma ausencia de punto de vista, pero mientras que en Dickens era algo instintivo, en Gide es sofisticado; se explaya