Conclusión
Es tentador concluir con especulaciones sobre el futuro de la novela; ¿se volverá más o menos realista, será aniquilada por el cine, etcétera?
Las especulaciones, ya sean tristes o animadas, siempre tienen un aire pretencioso; son un modo muy cómodo de ser útiles o impresionantes. Pero no tenemos derecho a albergar ninguna. Nos hemos negado a ser encorsetados por el pasado, así que tampoco debemos lucrar con el futuro.
Hemos visualizado a los novelistas de los últimos dos doscientos años escribiendo todos juntos en una misma habitación, sujetos a las mismas emociones y poniendo los accidentes de su época en el crisol de la inspiración, y cualesquiera que hayan sido nuestros resultados, nuestro método ha sido sólido; sólido para una reunión de pseudoestudiosos como nosotros.
Pero debemos visualizar a los novelistas de los próximos doscientos años escribiendo también en la habitación. El cambio en sus temas será enorme; ellos no cambiarán.
Podremos dominar el átomo, podremos descender en la luna, podremos abolir o intensificar la guerra, los procesos mentales de los animales quizás se comprendan; pero todo esto son fruslerías, pertenecen a la historia, no al arte. La historia se desarrolla, el arte permanece estático. El novelista del futuro tendrá que hacer pasar todos los nuevos hechos a través del mecanismo viejo aunque variable de la mente creativa.