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nydus/Aspects of the NovelPublic
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I. Introductorio

de que no saben adónde van—. Sin duda, sus escalas de valores no son las mismas. Sterne es un sentimental; Virginia Woolf (salvo quizás en su última obra, Al faro) es sumamente distante. Tampoco sus logros están a la misma escala. Pero su medio es similar, con él se obtienen los mismos efectos extraños, la puerta del salón nunca se repara, la mancha en la pared resulta ser un caracol, la vida es un barullo tal, ay, Dios, la voluntad es tan débil, las sensaciones inquietas —la filosofía— Dios —ay, Dios, mira la mancha— escucha la puerta— la existencia es en realidad demasiado... ¿qué estábamos diciendo?

¿No parece la cronología mucho menos importante ahora que hemos visualizado a seis novelistas en su labor? Si la novela evoluciona, ¿no es probable que lo haga por caminos distintos a los de la constitución británica o incluso el movimiento feminista? Digo «incluso el movimiento feminista» porque dio la casualidad de que existió una estrecha asociación entre la ficción en Inglaterra y dicho movimiento durante el siglo XIX; una conexión tan estrecha que ha llevado a algunos críticos a pensar que se trata de una conexión orgánica. A medida que las mujeres mejoraban su posición, afirmaban ellos, la novela también mejoraba. Un error absoluto.

Un espejo no evoluciona porque un desfile histórico pase frente a él. Solo evoluciona cuando recibe una nueva capa de azogue; en otras palabras, cuando adquiere una nueva sensibilidad, y el éxito de la novela radica en su propia sensibilidad, no en el éxito de su temática. Los imperios caen, se conceden votos, pero para esas personas que escriben en la habitación circular, lo que más importa es la sensación de la pluma entre sus dedos. Quizás decidan escribir una novela sobre la Revolución francesa o la rusa, pero los recuerdos, las asociaciones, las pasiones se alzan y nublan su objetividad, de modo que al final, cuando releen, parece que otra persona hubiera estado sosteniendo su pluma y hubiera relegado su tema a un segundo plano. Ese «alguien más» es sin duda su yo, pero no el yo tan activo en el tiempo que vive bajo el reinado de Jorge IV o V.

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