más allá de la aceptación del libro como una historia de aventuras; tal vez nos lleven hacia atrás, pues pueden inducirnos a armonizar los incidentes y perder así su aspereza y su riqueza. La idea de un conflicto podemos retenerla: toda acción es una batalla, la única felicidad es la paz. ¿Pero un conflicto entre qué? Nos equivocamos si decimos que es entre el bien y el mal o entre dos males irreconciliables. Lo esencial en Moby Dick, su canto profético, fluye a través de la acción y de la moralidad superficial como una corriente subterránea. Yace más allá de las palabras. Aun al final, cuando el barco se ha hundido con el pájaro del cielo clavado en su mástil, y el ataúd vacío, rebotando desde el vórtice, ha devuelto a Ismael al mundo —aun entonces no podemos captar las palabras del canto. Ha habido tensión, con intervalos: pero ninguna solución explicable, ciertamente ningún regreso a la piedad y al amor universales; ningún “Señores, he tenido un buen sueño”.
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VII. Profecía
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