Patrón y Ritmo
Nuestros interludios, alegres y graves, han terminado, y volvemos al esquema general del curso. Empezamos con la historia y, tras haber considerado a los seres humanos, pasamos al argumento, que brota de la historia. Ahora debemos considerar algo que brota principalmente del argumento, y a lo que los personajes y cualquier otro elemento presente también contribuyen. Para este nuevo aspecto no parece haber una palabra literaria; de hecho, cuanto más se desarrollan las artes, más dependen unas de otras para definirse. Primero tomaremos prestada de la pintura la palabra patrón para llamarlo así. Más tarde lo tomaremos prestado de la música y lo llamaremos ritmo. Desgraciadamente, ambas palabras son vagas: cuando la gente aplica ritmo o patrón a la literatura, suele no decir lo que quiere decir y no terminar las frases: es un «Ah, pero sin duda el ritmo...» o un «Ah, pero si a eso lo llamas patrón...».
Antes de discutir qué entraña la estructura y qué cualidades debe aportar un lector para apreciarla, daré dos ejemplos de libros con estructuras tan definidas que una imagen pictórica los resume: un libro con forma de reloj de arena y un libro con forma de cadena grande en aquella danza de antaño llamada los Lanceros.
Thaïs, de Anatole France, tiene la forma de un reloj de arena.
Hay dos personajes principales: Pafnucio el asceta, Thaïs la cortesana.
Pafnucio vive en el desierto; al empezar el libro, está salvado y es feliz. Thaïs lleva una vida de pecado en Alejandría, y su deber es salvarla.