Y además del sexo, hay otras emociones, que también se fortalecen hacia la madurez: las diversas elevaciones del espíritu, como el afecto, la amistad, el patriotismo, el misticismo; y tan pronto como intentemos determinar la relación entre el sexo y estas otras emociones, empezaremos por supuesto a discutir tan furiosamente como jamás podríamos hacerlo a propósito de Walter Scott, quizás incluso con mayor furia. Permítanme tan solo tabular los diversos puntos de vista. Algunas personas dicen que el sexo es fundamental y sirve de base para todos estos otros amores: el amor a los amigos, a Dios, a la patria. Otras dicen que está conectado con ellos, pero lateralmente, que no es su raíz. Otras dicen que no está conectado en absoluto. Todo lo que sugiero es que llamemos amor a todo este conjunto de emociones y lo consideremos la quinta gran experiencia por la que los seres humanos tienen que pasar.
Cuando los seres humanos aman intentan conseguir algo. También intentan dar algo, y este doble objetivo hace que el amor sea más complicado que la comida o el sueño.
Es egoísta y altruista al mismo tiempo, y ninguna cantidad de especialización en una dirección atrofia por completo a la otra.
¿Cuánto tiempo exige el amor? Esta pregunta suena grosera, pero debe formularse porque concierne a nuestra presente investigación. El sueño consume alrededor de ocho de las veinticuatro horas; la comida, unas dos más. ¿Acaso consignaremos otras dos para el amor? Ciertamente, se trata de una generosa concesión. El amor puede tejerse en nuestras demás actividades; lo mismo ocurre con la somnolencia y el hambre. El amor puede desencadenar diversas actividades secundarias: por ejemplo, el amor de un hombre por su familia puede llevarlo a pasar una buena