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nydus/Aspects of the NovelPublic
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VII. Profecía

—Oremos, pobre pecadora: arrodillémonos de nuevo y oremos al Dios de toda misericordia.

No he hecho justicia a esta escena, porque he tenido que recortarla, y es de su grandiosidad de lo que depende George Eliot; no posee sutileza de estilo.

La escena es sincera, sólida, patética y está compenetrada de cristianismo.

El Dios al que Dinah invoca es una fuerza viva también para la autora: no se le introduce para manipular los sentimientos del lector; es el acompañamiento natural del error y el sufrimiento humanos.

Ahora contrástenla con la siguiente escena de Los hermanos Karamázov (Mitia está siendo acusado del asesinato de su padre, del cual es de hecho espiritualmente aunque no técnicamente culpable).

Procedieron a una revisión final del acta. Mitia se levantó, se desplazó de su silla al rincón junto a la cortina, se tendió sobre un gran arca cubierta con una alfombra y se durmió al instante. Tuvo un sueño extraño, completamente fuera de lugar con el sitio y el momento. Viajaba por la estepa en algún lugar donde había estado apostado hacía mucho tiempo, y un campesino lo llevaba en un carro de dos caballos, a través de la nieve y el aguanieve. No muy lejos había una aldea; podía ver las chozas negras, y la mitad de las chozas se habían incendiado, solo quedaban los maderos carbonizados apuntando hacia arriba. Y al entrar, había campesinas alineadas a lo largo del camino, muchas mujeres, toda una fila, todas flacas y demacradas, con el rostro de un color

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