contrario dudaríamos de que hubiera sucedido. Lady Bertram nos ayuda a creer que sus hijas se han fugado, y tienen que fugarse, o no habría apoteosis para Fanny. Es un pequeño detalle y una pequeña frase, pero nos muestra con qué delicadeza una gran novelista puede modular hacia la plenitud.
A lo largo de toda su obra encontramos estos personajes, aparentemente tan sencillos y planos, que nunca necesitan una reintroducción y que, sin embargo, jamás se sienten fuera de su elemento: Henry Tilney, el señor Woodhouse, Charlotte Lucas. Puede que etiquete a sus personajes como «Sensatez», «Orgullo», «Sensibilidad», «Prejuicio», pero no están encadenados a esas cualidades.
En cuanto a los personajes redondos propiamente dichos, ya han quedado definidos implícitamente y no hay más que añadir. Todo lo que tengo que hacer es dar algunos ejemplos de personas en los libros que me parecen redondas para que la definición pueda comprobarse posteriormente:
Todos los personajes principales de Guerra y paz, todos los personajes de Dostoievski y algunos de Proust —por ejemplo, el viejo criado de la familia, la duquesa de Guermantes, el señor de Charlus y Saint Loup—; Madame Bovary —que, al igual que Moll Flanders, tiene su libro para ella sola, y puede expandirse y secretar sin control—; alguna gente de Thackeray —por ejemplo, Becky y Beatrix—; algunos de Fielding —el reverendo Adams, Tom Jones— y algunos de Charlotte Brontë, muy especialmente Lucy Snowe. (Y muchos más; esto no es un catálogo). La prueba de un personaje redondo es si es capaz de sorprender de manera convincente. Si nunca sorprende, es plano. Si no convence, es un personaje plano que finge ser redondo. Tiene la incalculabilidad de la vida —la vida dentro de las páginas de un libro—. Y utilizándolo a veces solo, más a menudo en combinación con el otro tipo, el novelista logra su tarea de aclimatación y armoniza a la raza humana con los demás aspectos de su obra.