como los habladores alejandrinos en el banquete de Nirias; elaboran el tema principal, trabajan. El efecto final está predeterminado, se va revelando gradualmente al lector y resulta completamente exitoso cuando llega. Los detalles de la intriga, de las diversas misiones procedentes de América, podrán olvidarse, pero la simetría que han creado es perdurable.
Rastremos el crecimiento de esta simetría.
Strether, un estadounidense sensible de mediana edad, recibe el encargo de su antigua amiga la señora Newsome, con quien espera casarse, de ir a París y rescatar a su hijo Chad, quien se ha descarriado en esa ciudad propicia para ello. Los Newsome son gente de negocios sensata, que ha ganado dinero fabricando un pequeño artículo de utilidad doméstica. Henry James nunca nos dice cuál es el pequeño artículo, y en un momento entenderemos por qué. Wells lo escupe sin rodeos en Tono Bungay, Meredith lo desenrrolla en Evan Harrington, Trollope lo receta libremente para la señorita Dunstable, pero que James indique cómo sus personajes hicieron su fortuna... eso no estaría bien. El artículo es un tanto ignominioso y ridículo; con eso basta. Si uno decide ser grosero, atrevido y visualizarlo por cuenta propia como, digamos, un limpia-botones, puede hacerlo, pero lo hace bajo su propio riesgo: el autor permanece al margen.
Well, whatever it is, Chad Newsome ought to come back and help make it, and Strether undertakes to fetch him. He has to be rescued from a life which is both immoral and unremunerative.
Strether es un personaje típico de James; reaparece en casi todos los libros y es una parte esencial de su construcción. Es el observador que intenta influir en la acción y que, al no lograrlo, obtiene mayores oportunidades de observación. Y los demás personajes son tales como un observador como Strether es capaz de observar, a través de lentes adquiridas con un