Delight; una embarcación de mal agüero que se ha cruzado con Moby Dick y ha sido destrozada por él. Pero cuál era la conexión en la mente del profeta no puedo decirlo, ni él podría habérnoslo dicho.
Inmediatamente después del sermón, Ismael entabla una apasionada alianza con el caníbal Queequeg, y por un momento parece que el libro va a ser una saga de hermandad de sangre. Pero las relaciones humanas significan poco para Melville, y tras una entrada grotesca y violenta, Queequeg queda casi en el olvido. Casi, no del todo.
Hacia el final cae enfermo y se le hace un ataúd que no llega a ocupar, pues se recupera. Es este ataúd, que sirve de salvavidas, el que salva a Ismael del remolino final, y esto de nuevo no es una coincidencia, sino una conexión no formulada que brotó en la mente de Melville.
- Moby Dick está lleno de significados: su significado es un problema distinto.
- Es un error convertir el Delight o el ataúd en símbolos, porque incluso si el simbolismo es correcto, silencia el libro.
Nada puede afirmarse sobre Moby Dick salvo que es un combate. Lo demás es canto.
A la concepción que Melville tenía del mal debe su obra gran parte de su fuerza. Por lo general, el mal ha sido concebido débilmente en la ficción, que rara vez se eleva por encima de la mala conducta ni evita las nubes de lo misterioso. El mal para la mayoría de los novelistas es de índole sexual y social, o bien algo muy vago para lo cual se considera adecuado un estilo especial con matices poéticos. Quieren que exista para que los ayude amablemente a hacer avanzar la trama, y el mal, como no es amable, por lo general los entorpece con un villano —un Lovelace o un Uriah Heep—, que hace más daño al autor que a los personajes de la obra. Para encontrar un villano de verdad debemos recurrir a un relato de Melville titulado Billy Budd.