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nydus/Aspects of the NovelPublic
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VII. Profecía

Es un cuento, pero hay que mencionarlo por la luz que arroja sobre el resto de su obra. La escena transcurre en un buque de guerra británico poco después del motín de Nore; una embarcación teatral pero intensamente real.

El héroe, un joven marinero, posee bondad —la cual palidece ante la bondad de Alesha—; aun así, tiene una bondad de tipo radiante y agresiva que no puede existir a menos que tenga el mal que consumir. Él no es agresivo por naturaleza. Es la luz dentro de él la que irrita y hace explosión. En la superficie es un muchacho agradable, alegre, más bien insensible, cuya perfecta constitución física se ve arruinada por un leve defecto, un tartamudeo, que al final lo destruye.

Es «arrojado a un mundo no carente de ciertas trampas mortales, contra cuyas sutilezas el valor simple, sin un ápice de fealdad defensiva, sirve de bien poco; y donde la inocencia de la que el hombre es capaz, sin embargo, en una emergencia moral, no siempre agudiza las facultades ni esclarece la voluntad».

Claggart, uno de los oficiales subalternos, ve en él de inmediato al enemigo —su propio enemigo, pues Claggart es el mal—. Es de nuevo el combate entre Ahab y Moby Dick, aunque los papeles están asignados con mayor claridad, y estamos más lejos de la profecía y más cerca de la moral y el sentido común. Pero no mucho más cerca. Claggart no se parece a ningún otro villano.

La depravidad natural posee ciertas virtudes negativas que le sirven de silenciosas auxiliares. No es exagerado decir que carece de vicios o pequeños pecados. Hay en ella un orgullo fenomenal que los excluye de todo —jamás mercenaria o avara—. En suma, el personaje al que aquí se alude no participa en nada de lo sórdido o sensual. Es serio, pero está libre de acritud.

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