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nydus/Aspects of the NovelPublic
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IV. Personas (Continuación)

La respuesta ya ha sido indicada: mejor que no. Es peligroso, por lo general conduce a un descenso de la temperatura, a la laxitud intelectual y emocional, y peor aún, a la facundia y a una amable invitación a ver cómo se enganchan los monigotes por detrás. * «¿A que A tiene buen aspecto? Siempre ha sido mi favorita». * «Pensemos en por qué B hace eso; tal vez haya en él más de lo que se ve a simple vista; sí, mira, tiene un corazón de oro; tras haberte dejado echar un vistazo, lo guardo de nuevo; no creo que se haya dado cuenta». * «Y C... él siempre ha sido el hombre misterioso». Se gana intimidad, pero a expensas de la ilusión y de la nobleza. Es como invitar a un hombre a una copa para que no critique tus opiniones. Con todo el respeto hacia Fielding y Thackeray, es devastador, es la cháchara de la taberna, y nada ha sido más perjudicial para las

Tomar al lector en tu confianza acerca del universo es otra cosa. No es peligroso para un novelista alejarse de sus personajes, como lo hacen Hardy y Conrad, y generalizar sobre las condiciones en las que cree que transcurre la vida.

Son las confidencias sobre las personas individuales las que hacen daño y apartan al lector de los personajes para llevarlo a examinar la mente del novelista. Nunca se halla gran cosa en ella en un momento así, pues jamás se encuentra en estado creativo: el mero hecho de decir «Vamos, charlemos un rato», la ha enfriado.

Nuestros comentarios sobre los seres humanos deben llegar a su fin ahora. Podrán cobrar una forma más completa cuando pasemos a tratar el argumento.

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