personaje, escena, palabra—, extrae la mayor parte de su nutrición de la trama. Observamos, al debatir sobre la trama, que esta añadía a su propia naturaleza la cualidad de la belleza; una belleza un poco sorprendida de su propia llegada: que sobre su ordenada carpintería se podía ver, para quienes se preocupaban por ver, la figura de la Musa; que la lógica, en el momento de terminar su propia casa, sentaba los cimientos de una nueva. He aquí, he aquí el punto en el que el aspecto llamado diseño está más en contacto con su material; he aquí nuestro punto de partida. Emerge principalmente de la trama, la acompaña como una luz entre las nubes y permanece visible después de que esta se ha marchado. La belleza es a veces la forma del libro, el libro como un todo, la unidad, y nuestro examen sería más fácil si siempre fuera así. Pero a veces no lo es. Cuando no lo sea, lo llamaré ritmo. Por el momento solo nos ocupa el diseño.
Examinemos con cierta extensión otro libro de tipo rígido, un libro dotado de unidad y, en este sentido, un libro fácil, a pesar de ser de Henry James.
Veremos en él el triunfo de la forma, y también podremos observar los sacrificios que un autor debe hacer si quiere que su forma, y nada más que eso, triunfe.
The Ambassadors, al igual que Thaïs, tiene la forma de un reloj de arena. Strether y Chad, como Paphnuce y Thaïs, intercambian sus papeles, y es la toma de conciencia de esto lo que hace que el libro resulte tan satisfactorio al final. La trama es elaborada y sutil, y avanza mediante la acción, la conversación o la meditación a través de cada párrafo. Todo está planeado, todo encaja; ninguno de los personajes secundarios es meramente decorativo